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Ya hace tiempo que el inglés empezó a introducirse en el castellano, por aquello de que suena más cool. Sin embargo, Internet está maximizando su influencia. He de admitir que siglas como WTF, LOL, OMG/OMC solo habían sido escuchadas por mis oídos en círculos reducidos de geeks. Hasta el inicio de este curso. Ahora todo el mundo dice LOL. Honestamente, es la sigla que menos me gusta de todos. Y la escucho continuamente.

Amo los anglicismos, para qué engañaros. Y sin embargo, más de uno sabrá cuán quisquilloso soy con cosas como las tildes. O con la imprecisión terminológica (lo último en pedantería). Entonces, ¿cómo compatibilizarlo? ¿Es razonable que utilice el By The Way y demás mientras monto escándalos por pequeñas faltas ortográficas? ¿Hasta dónde hay que respetar la lengua?

Por varios motivos, me estoy leyendo la Ortografía de la RAE. Me llama la atención cómo se adaptan a las diferencias en la pronunciación entre los países hispanoparlantes (el seseo, especialmente), cómo, pese a todo, respetan que se prefiera México a Méjico. Recuerdo entonces que, si bien en ortografía soy bastante estricto, me encanta jugar con la lengua. No tengo problema en inventar palabras, modificarlas a mi antojo (ya sabrá alguno mi intención de oficializar el uso del sufijo -érrimo para cualquier adjetivo), o de adoptar las más inusitadas estructuras sintácticas.

Quizá no haya problema en conjugar todas las tendencias. Quizá pueda exigir que se tenga cuidado con la palabra “Ágora” mientras escribo “tristérrimo”. Quizá la lengua es, en efecto, construida por el hablante, y no hay academia que valga.