Diretes y dimes

Hola, me llamo Juan Ruitiña. Puedes seguirme en Twitter.

CS50x

Cumpliendo un propósito para 2017, anoche terminé al fin CS50x, el curso online de introducción a las Ciencias de la Computación de Harvard en edX.

No es un MOOC cualquiera. Cursos para aprender a programar hay a montones. Pero, además de trabajar con C, Python y Javascript (y HTML y CSS), CS50x trata de enseñar cómo funciona un ordenador e internet, cómo utilizar bases de datos o cómo evitar algunas vulnerabilidades graves.

El temario no es el único acierto. El director del curso, David J. Malan, es un gran profesor. La producción de los vídeos es estelar (aquí puedes ver la primera clase), y el reproductor es muy versátil. Desde la edición de 2018 estarán disponibles subtítulos en castellano. Los sets de problemas están muy bien planteados y pueden trabajarse fácilmente desde el entorno de desarrollo en Cloud9 que nos facilitan. La dificultad es la justa y necesaria: la mejor prueba de ello es que, cuando llega la hora de hacer el proyecto final, eres capaz de poner en práctica lo aprendido para construir algo que funciona.

Aunque le echara el ojo por primera vez hace casi cuatro años, le dediqué en total unas 80 horas. Si partes de cero quizá necesites algo más. Es gratuito, y puedes obtener un título verificado por 90 dólares. Sí, lo recomiendo. Es increíble todo lo que se puede aprender en tan poco tiempo.

10 años

Hoy es un día especial. Este blog que estás leyendo cumple 10 años.

Aunque no escriba tanto como aquel adolescente que aún vivía en Oviedo, sigo estando orgulloso de este rinconcito que tengo para mis moderados desahogos y para compartir aquello que me interesa. No es nada extraordinario, pero me alegra celebrar este aniversario.

Si hay alguien por ahí: gracias por seguirme.

La tiranía del algoritmo

El pasado 18 de noviembre me animé a escribir por primera vez en el blog del Real Instituto Elcano, donde trabajo. Desde la victoria de Trump este tema ha recibido mucha atención: este post es una primera toma de contacto.

Los medios de comunicación ya no son los únicos guardianes de la información que nos llega a los ciudadanos. Tras las elecciones estadounidenses, empresas tecnológicas como Facebook, Google y Twitter se han unido a la prensa en un examen de conciencia colectivo: ¿hasta qué punto pudieron contribuir, por acción u omisión, a la designación de un candidato abiertamente xenófobo y misógino?

El 44% de los estadounidenses utilizan Facebook para informarse de la actualidad. Pero a diferencia de las cabeceras tradicionales, las noticias que los usuarios reciben en su news feed están filtradas por un algoritmo. Aprendiendo de nuestros gustos y nuestro historial de interacciones, escoge para cada uno de nosotros aquellos contenidos que es más probable que compartamos.

Estos algoritmos pueden tener sentido dentro de una lógica comercial: son los que permiten que se te muestre publicidad de las gafas de sol que te interesan, y no del gimnasio que no vas a pisar en tu vida. La publicidad sustenta el modelo de negocio de todas estas compañías: cuanto antes consiguen tu clic, antes cobran del anunciante. Como afirma Wired, las interacciones son la principal divisa en la economía del clic. Sin embargo, los efectos secundarios son inquietantes cuando hablamos de información y de opinión pública.

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Juguete de dos caballos con orejeras. Foto: Staci Myers (CC BY-NC-ND 2.0)