Primeras impresiones y corazonadas
Puede que con el tiempo uno se vuelva más desconfiado, pero parece que, contra todo pronóstico, este cerebro que yo ocupo se deja llevar por las primeras impresiones que se lleva de la gente.
No me hace mucho caso, para qué negarlo. No atiende a razones: pone su arbitraria etiqueta a todo el mundo sin contar con mi opinión tanto como debiera. Así pues, podría elaborar listas con las tres categorías en las que divide mi subconsciente a la gente, con sus respectivos ejemplos públicos (porque no os voy a hablar de gente que no conocéis, claro).
Me caen bien: aquí entraría ZP, Carme Chacón, Obama. Bien, soy de izquierdas, menuda sorpresa. Pero… ¿y si dijera Gallardón, Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, o incluso la Familia Real? Bueh, pues así es: me caen bien, y me encantaría mantener un interesante vis a vis con cada uno de ellos.
Me hacen gracia (pero para bien): aquí metería fundamentalmente a dos personajes duros de roer, pero que creo que en el fondo tienen su chispa. Hablo de Hugo Chávez (sus ocurrencias me dejan descolocao) y la Lideresa, también conocida como Esperanza Aguirre, tan madrileña ella. No me matéis, pero también metería aquí a John McCain (en mi opinión un perfecto abuelete americano) y, sé que me voy a ganar el infierno por esto, W. AKA Bush.
Y me caen mal. Bueno, esta es la sección más delicada, porque un prejuicio erróneo (si es que no lo son siempre) supone una mala predisposición ante esa persona. Hace poco que me ha ocurrido, y eso supone una bofetada a la confianza en las corazonadas. Y sin embargo no logro encontrar un solo motivo para que me deje de caer mal don Malseñor Rouco Varela, ese personajillo colocado al frente de la malograda Conferencia Episcopal. Me produce un sarpullido.
Viendo que últimamente no me van muy bien lo que vienen siendo las relaciones sociales, creo que va siendo hora de buscar nuevos métodos, y este, aunque no me creáis, me parece adecuado. Creo que he dado con la fórmula para hacer amigos. Pero esa es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión.
Creo que en estos tiempos que corren, en los que tantas cosas se acaban convirtiendo en banales, es el momento ideal de dejarse llevar un poco por el corazón, dedicarse a ser feliz y a conformarse con las pequeñas cosas. Tal vez ese pequeño secreto ya lo conoce alguna gente, pero no la suficiente.
Sí, soy de esos que piensan que una sonrisa puede solucionarlo todo. Y ya dejo de hablar del tema que estoy sensible.



Últimamente posteo bastante poco… ¿Y por qué? Pues muy fácil: El Templo de los Nenúfares, o mejor dicho, la nueva web de la novela, me está llevando bastante tiempo. Estoy de veras enfrascado en ella, y creo que poco a poco va mejorando la cosa. (Aprovecho para invitaros a entrar:
Los que sigáis mi Twitter seguramente os hayais enterado de que ayer fui a un mitin de Zapatero, en Gijón. He aquí pues, la crónica.


