El día en el que dejé de desear ser maquero
Más de uno me ha preguntado por qué he cambiado el nombre del blog, olvidando la sempiterna “i” maquera. Pues bien: ni quería seguir teniendo un blog con un nombre tan simple y deducible ni tenía ganas de que la publicitaria vocal permaneciera en él. Y ojo con lo que os voy a contar, porque estas conclusiones no se sacan todos los días.
He dejado de desear un Mac. Me gustaría tenerlo, por qué no, pero deja de ser objeto de mis deseos profundos. He descubierto que -oh, matadme- estoy cómodo en mi Windows, con mis programitas (entre los que se encuentra iTunes, eso sí) y todo como siempre. De hecho, creo que sería más feliz con un Asus EEE que con un Mac. Apple hace las cosas bien y bonitas, pero eso tampoco es imprescindible. Virgencita, que me quede como esté, que diría mi madre.
Odio las críticas a Microsoft tachándolo de software cerrado cuando Apple no solo lo es en software, sino también en hardware. Es una verdad como un templo, así como que Windows 7 (y todos los pasos que Microsoft está dando en estos últimos tiempos) son de lo más acertado. Menciono el ya celebérrimamente actual sistema operativo porque me ha enamorado: efectos bonitos, muy cuidado, sencillo y completo, esa es la sensación que me ha dado el usar la beta, y lo mejor es que parece haber un consenso en que al fin los de Redmond se han puesto las pilas con su producto líder. El Zune me parece un buen producto, así como la última oleada de Windows Live. No utilizo nada de lo antes mencionado, pero reconozco que están haciendo un gran esfuerzo por quitarse el sambenito que tantos le hemos colgado en estos últimos años.
Apple mola, eso es innegable, pero a mí Windows nunca me ha dado demasiados problemas. Así pues, me quedo como estoy: con mis dosis de software libre, con mi música en manos de Apple y mis ordenadores al servicio de XP. Y solo cuando algo me convenza de verdad cambiaré esto. Viva la comodidad.




