Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Etiquetado: radio

¿Y si el copyright venciera?

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Imaginémonos por un momento que la SGAE gana la batalla, que se ilegalicen las redes P2P y que se penalice con la desconexión (como insinuaban en Francia) la descarga de contenido protegido por copyright. Imaginémoslo.

Os contaré que haría yo. Ante todo, me fijaría un principio: nunca, NUNCA, comprarme una sola canción comercial. Nunca. No comprar nunca un álbum comercial, a menos que sea de LOVG, pues a lo sumo lo escucharía por Spotify. Sería la mejor manera de quejarme de la medida, qué queréis que os diga. Para consumir este tipo de música, usaría el novísimo Spotify, Last.fm o la radio, que ofrecen buen servicio con ese fin.

Y me refugiaría (podréis imaginarlo) en la musica Creative Commons/Copyleft. Si bien el mayor “defecto” que esta tiene es el hecho de que no es música de moda, los pocos discos que me he bajado con licencias CC (en Jamendo) los he tarareado y me los he aprendido-empollado como si del último de la Oreja se tratara. Así pues, descubriría música buena, muy buena, que no dudo que hay, la disfrutaría aunque no salga en la tele o la conozca todo el mundo como ya hago y, si lo valen, daría donaciones sensiblemente más golosas que el dinero que artistas profesionales recibirían por la compra de su obra en el obsoleto formato de CD o el abusivo formato digital.

En cuanto al cine, seguiría yendo de vez en cuando, como no he dejado de hacer, y vería alguna peli en la tele. Sí que podría recurrir al alquiler de películas, pero no creo que pierdan tanto dinero conmigo porque francamente no recuerdo la última vez que me bajé una que estuviera a mi alcance.

Así pues, podría seguir sin problema con mi afición al cine y, especialmente, a la música. Porque una ley no podría destrozar ese placer.

(Nos vemos hoy en el Beers&Blogs Asturias!)

Crónica de una radio intempestiva

Ayer, algún vecino irresponsable/descuidado, se dejó a las tantas de la noche la radio puesta, con la ventana abierta y a todo volumen.

¿Y que pasó? No podía dormir. Ni siquiera la angelical voz de Enya en mis oídos podía evitar que resonasen en mi mente las canciones de los 40 principales, obligándole inconscientemente a cantar.

Mi padre de mal humor, mi madre fabulando quién sería el irresponsable, y yo tomándomelo con humor aunque un poco resquemado. Alguien sube la persiana de su habitación y suelta un buen “shhh!” como si así fueran a quitar la música. Se oyen golpes desesperados a lo lejos, seguramente a la acertada puerta del vecino. Mucho movimiento para que sea más allá de la una de la mañana. Abren la ventana de nuevo y gritan “Silencio!” (seguramente la misma persona).

Finalmente, consigo dormirme. Cesó la música. Los vecinos pudieron descansar. Y tal vez una buena reprimenda le caerá al sujeto hoy, a lo largo del día.