
Es hablar René de ello, y en cuestión de días, por aquello del Toro de la Vega, los medios se ponen a discutir sobre el siempre polémico tema de los toros.
¿Un animal tiene derechos? Escuchaba yo en uno de esos programas que para tenerlos, deberían tener obligaciones. No estoy de acuerdo. Un animal es tan intelectualmente indefenso como lo puede ser un bebé. ¿Acaso carecen los bebés de derecho a la vida?
Definitivamente, el toro sufre con las aberraciones tildadas de tradición que salpican el santoral en España. El Toro de la Vega, donde el animal es lanceado, no es el peor de los casos. En otro lugar -no recuerdo cual- le prenden teas en los cuernos, haciendo que se quede ciego y que llegue incluso a tratar de suicidarse por el sufrimiento.
Y es que eso es lo más apestoso de estas celebraciones con animales de por medio: el público disfruta mientras le provocan sufrimiento. No digo que se regocijen ante su dolor, pero sí son insensibles ante él -lo cual no deja de ser preocupante.
¿La tauromaquia? ¿El toreo? Un arte. Y bello, si obviamos el dolor del toro. Es un ritual en el que torero contra toro se enfrentan, al menos “espiritualmente”, frente a frente, como iguales. Ojo: no estoy justificándolo. El toro sigue siendo afectado involuntariamente, pero es menos malo.
Porque nadie se atreverá a comparar una corrida con una de esas celebraciones que he mencionado. Pero aún así, se le está atacando.
¿Desaparecería el toro bravo? Posiblemente. ¿Y? El toro en sí no desaparecería. Quedarían sementales. Pues bueno. Ahorarríamos sufrimiento. Simple y llanamente.
No se justifiquen los demagogos con que otros animales en cautividad destinados a la alimentación humana sufren más. Desde luego que es así, pero eso no implica que el daño que se le causa al toro deje de ser censurable. Ni su sufrimiento, ni el de los otros animales es aceptable. Lo mejor que podemos hacer con ellos es, al menos, darles una muerte rápida y lo menos dolorosa posible.
He ido a una corrida de toros. Fue hace tiempo, pero no me gustó. Es tradición, de acuerdo. ¿Pero acaso debemos mantener tradiciones ética y moralmente reprobables? ¿En serio es justo que los animales reciban esa muerte? ¿No es increíble que a la gente le guste ver como se le da muerte a un animal?
Ellos no lo harían. Permitidme tan publicitario eslogan, pero sabéis que tengo razón. Los animales no hacen daño intencionadamente -por favor, no se me levanten los biólogos. Y qué duda cabe que, en algunos aspectos, nadie mejor que la raza humana se merece ese apelativo de animal. O de bestia.
Además, el toro me gusta. Me parece un buen animal, bravo y tan bello como cualquier otro. El animal totémico de la cultura íbera, que decía Sánchez Dragó. Y tal vez por eso, se merece especialmente nuestro respeto.