Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Etiquetado: Naturaleza

Locus amoenus

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El mundo está lleno de locus amoenus, pero muchos no sabemos aprovecharlos.

Si bien no me canso de decir que soy de la muy noble, muy leal, benemérita, limpia y no menos elegante Ciudad de Oviedo, también llevo con orgullo alegría mi condición de asturiano. Echándole un vistazo a uno de los blogs de mi ya buena amiga Marina me doy cuenta de que mi querida comunidad está llena de esos lugares.

Yo soy de esos bichos raros que nunca ha tenido el pueblo al que ir todos los veranos. Tan solo fui una vez a la preciosa aldea en la que se crió mi madre, y francamente, añoro mucho la increíble sensación de estar en el campo. Tranquilidad, naturaleza, silencio. Para tirarse en un prao, sacar el libro y, si no buena música, escuchar la melodía del campo, la cual nada tiene que envidiar a la otra. ¿Otras modalidades? Playa, o el monte urbano (léase Purificación Tomás en Oviedo).

El mundanal ruido puede ser agotador en ocasiones, y de vez en cuando me trae a la memoria otro de mis sueños: disponer de una bonita casita perdida por los montes de Asturias, donde salir y tumbarme sobre la hierba. Mi propio locus amoenus. Dormir bajo la luz de las estrellas (¿quizá al lado de alguien?), escuchar el murmullo de una fuente cercana, sentarse a reflexionar… ¿No es acaso extraordinario?

Las cosas van mal

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Lo tengo asumido: creo que voy a pertenecer a la generación que va a tener el honor de presenciar el fin del mundo.

Podría hablar en ese tono irónico que a veces me salta, pero lo que digo es cierto. Sinceramente, demasiadas cosas van mal en este mundo como para que pueda durar mucho más. Lo tenemos más que contaminado, y no solo de polución: “suciedad espiritual”, que he llegado a llamar en ETDLN. Corrupción, ignorancia, pasividad y mucha vagancia están destruyendo gota a gota lo que viene siendo este nuestro precioso hogar.

Aunque tarde o temprano tenía que suceder: es asombroso que -aunque sea a duras penas- se mantenga en pie la complejísima estructura de la Humanidad. Tal vez me esté poniendo demasiado metafísico, pero en ese aspecto (entre tantos otros) sigo siendo un niño: me quedo asombrado y deslumbrado observando que, pese a todo, aquí estamos.

Hemos corrido demasiado, quizá ahí reside el problema, y ahora con esto nos encontramos. Es una bomba de relojería: no sabemos cuándo nos va a estallar. Los mass-media, que dice mi profesor de filosofía, nos confunden continuamente. No hay calentamiento, sí hay calentamiento, tenemos tiempo o hay que actuar ya. Incluso leí ya que es imparable. Un cacao mental de los gordos.

¿Pesimista yo? ¡Qué va! Si va a ser de lo más excitante (esa es la palabra) ver cómo se desmorona el sistema, cómo se vive la tensión en la calle, cómo nuestro maravilloso mundo hedonista de fantasía se queda reducido a cenizas.

Solo espero que no arrastremos con ello a la riqueza de la naturaleza que tan feliz disfrutaba de nuestro planeta hasta que unos monos se pasaron de listos.

Mañana es el día de la paz. Aún no debemos adelantar acontecimientos (aunque tan contradictorio parezca tras este apocalíptico post). Nos queda, por tanto, tratar de ser felices y, como mínimo, ser fieles a nosotros mismos como individuos cuando no lo hemos sabido ser como conjunto. Tal vez sea ahí el único modo del que podamos vivir la paz en estos días que le restan a esta moribunda Humanidad.

(Perdonadme la licencia pesimista que me he tomado…)

Leresnou, leresnou, let it snow

Falta poco para el invierno, falta poco para la nieve (aunque solo sea en nuestra imaginación), y falta poco para las navidades…

Hay catarros, cierto (llevo casi 15 días medio enfermo, de una u otra manera), pero estoy contento. Los copos ya caen sobre iJuan, las luces se encienden, los árboles se decoran, y uno empieza ya a recordar su infancia (eso ye la vieyera, que diría mi madre). Por ejemplo, este muñequito de nieve que me ha emocionao y todo… Era de los que ponía yo hace años en el árbol.

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Anda que no ye bonico. Y ya que hablamos de imágenes, os paso un link a unas fotos espectaculares, que destacan en el titular que no están hechas con Photoshop. La última es espectacular :).

¡Cómo! ¿Qué queréis algo más para entrar felices en este periodo de paz, tranquilidad y fraternidad (DIOSH! Qué cursilada!)? Pues ahí os dejo a una criatura inmortal, que se convierte en una gota y detiene su vida. Y una cosa útil para estas navidades: un abridor de envoltorios de plástico de la muerte. Parece interesante.

Y para acabar una bonita canción, que me ha pasado @carnotan

Ahora sí, ahora no estamos todavía en noviembre. Ya ha llegado el momento de decirlo. ¡Feliz Navidad!

Toros

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Es hablar René de ello, y en cuestión de días, por aquello del Toro de la Vega, los medios se ponen a discutir sobre el siempre polémico tema de los toros.

¿Un animal tiene derechos? Escuchaba yo en uno de esos programas que para tenerlos, deberían tener obligaciones. No estoy de acuerdo. Un animal es tan intelectualmente indefenso como lo puede ser un bebé. ¿Acaso carecen los bebés de derecho a la vida?

Definitivamente, el toro sufre con las aberraciones tildadas de tradición que salpican el santoral en España. El Toro de la Vega, donde el animal es lanceado, no es el peor de los casos. En otro lugar -no recuerdo cual- le prenden teas en los cuernos, haciendo que se quede ciego y que llegue incluso a tratar de suicidarse por el sufrimiento.

Y es que eso es lo más apestoso de estas celebraciones con animales de por medio: el público disfruta mientras le provocan sufrimiento. No digo que se regocijen ante su dolor, pero sí son insensibles ante él -lo cual no deja de ser preocupante.

¿La tauromaquia? ¿El toreo? Un arte. Y bello, si obviamos el dolor del toro. Es un ritual en el que torero contra toro se enfrentan, al menos “espiritualmente”, frente a frente, como iguales. Ojo: no estoy justificándolo. El toro sigue siendo afectado involuntariamente, pero es menos malo.

Porque nadie se atreverá a comparar una corrida con una de esas celebraciones que he mencionado. Pero aún así, se le está atacando.

¿Desaparecería el toro bravo? Posiblemente. ¿Y? El toro en sí no desaparecería. Quedarían sementales. Pues bueno. Ahorarríamos sufrimiento. Simple y llanamente.

No se justifiquen los demagogos con que otros animales en cautividad destinados a la alimentación humana sufren más. Desde luego que es así, pero eso no implica que el daño que se le causa al toro deje de ser censurable. Ni su sufrimiento, ni el de los otros animales es aceptable. Lo mejor que podemos hacer con ellos es, al menos, darles una muerte rápida y lo menos dolorosa posible.

He ido a una corrida de toros. Fue hace tiempo, pero no me gustó. Es tradición, de acuerdo. ¿Pero acaso debemos mantener tradiciones ética y moralmente reprobables? ¿En serio es justo que los animales reciban esa muerte? ¿No es increíble que a la gente le guste ver como se le da muerte a un animal?

Ellos no lo harían. Permitidme tan publicitario eslogan, pero sabéis que tengo razón. Los animales no hacen daño intencionadamente -por favor, no se me levanten los biólogos. Y qué duda cabe que, en algunos aspectos, nadie mejor que la raza humana se merece ese apelativo de animal. O de bestia.

Además, el toro me gusta. Me parece un buen animal, bravo y tan bello como cualquier otro. El animal totémico de la cultura íbera, que decía Sánchez Dragó. Y tal vez por eso, se merece especialmente nuestro respeto.