Impotencia

Poniéndome a escribir un post, y recordando los dos temas que tenía en mente, me di cuenta de que me había olvidado de un detalle: eran lo mismo.

Lo primero, fue el momento que hemos recordado hace dos días: el 23-F, el intento de golpe de Estado (frustrado, afortunadamente) en el que, en la llamada Noche de los Transistores, una nación que tan pacíficamente había acogido la democracia contuvo la respiración. Esto solo sirvió para fortalecer más el espíritu de unión y de avance de toda España.

Y hoy, escuchamos en los telediarios la noticia de un joven vasco, hijo de un ex-concejal socialista, que ayer arremetió a mazazos contra una “herriko taberna”, lugar de encuentro de la izquierda abertzale, no demasiado lejos de ser simpatizantes de ETA, grupo terrorista que detrozó la casa en la que estaba viviendo tras un atentado reciente.

Me entra admiración en el primer acontecimiento ver a aquel diputado (Gutiérrez Mellado) que trata de “frenar” a los golpistas, y que ni se inmuta ante los disparos. Me siento impotente al ver la rabia de ese ciudadano harto de los asesinos, que no es sino el claro reflejo de miles de vascos (y no tan vascos) que no entienden cómo alguien puede arrebatarles con las armas la paz.

Las dos son la misma historia: la eterna lucha contra el fascismo. Porque igual de fascista es el Tejero post-franquista que la ETA independentista. Ambas atentan contra la libertad, ambas usan la violencia. Ambas no tienen cabida en el sistema democrático que hemos decidido construir y que tanto trabajo nos ha costado alcanzar.

Así pues, que viva la democracia, la libertad y la paz.