Qué bonito lo analógico (y las cajas de música)

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Ya lo sabéis: lo analógico está de moda. Estamos viviendo, en plena era 2.0, un revival de aquellas anticuadas tecnologías, que algún día fueron lo más moderno y que ahora son joyitas de museo.

Fotos que tienen defectos (totalmente deseados), discos de vinilo (cuya calidad respecto a un MP3 192kbps es, bueno, ridícula reconozco que, tras profundizar me he dado cuenta de que los vinilos que tienen buena calidad, si bien tienen muchos otros factores en contra) o, por supuesto, el omnipotente libro, que los dígitos aún no han logrado sustituir definitivamente. Es sin duda tecnología con encanto, de esa que no necesita electrones corriendo por sus venas, y que presumiblemente se prolongará más en el tiempo que la digital.

Sin embargo, prefiero mi bonita cámara digital (la incomodidad y el precio del revelado analógico no van conmigo), mi iPod cargadito (4 gigas en el bolsillo vs. 12 temas en un disco de más de 30 centímetros, pues habla por sí solo), e incluso renunciaría al libro impreso en favor del ebook, una vez se hubiera perfeccionado. Pero aun así…

¡Cuánto encanto tienen las cajas de música! Para mí son el tesoro analógico por excelencia. No he tenido muchas, pero todas han sido importantes. Melodías perennes, eso ya es mucho. De hecho creo que no tardaré en comprarme una para mi uso y disfrute. Definetly, es una de las cosas más bonitas que ha creado el hombre :).

[audio:Caja.mp3]

Ben Shewmaker – Music Box