Valió
Llega un momento en el que uno dice basta.
De acuerdo: vivimos en un país cuyo Gobierno está tomando decisiones criticables una tras otra en estos momentos en los que necesitamos acciones directas contra la crisis. Un Plan E que lo único que hace es invertir en los caprichitos de los ayuntamientos (creando trabajo, pero es que ya solo faltaba), y en el que en muchos casos el llamativo cartel tiene un valor mayor que la obra en sí. Que si Consejo de Ministros “extraordinario” para aprobar una ley para tener canales de pago en TDT (lo cual no me parece mal en sí, pero sí de esta manera, pues parece que hay prisa en beneficiar a los nuevos lameculos del Gobierno, con el permiso de mi admirado Escolar). Y tantas otras cosas que ahora no me vienen a la cabeza que están dejando la estima que tenía por los socialistas cada vez más baja.
Sin embargo, el espectáculo despreciable que está habiendo entre el PSOE y PP, desde hace unos meses, es ya la gota que colma el vaso. Un continuo e irrespetuoso intercambio de acusaciones de niños de preescolar que culmina con la de los populares de (¡ojo! ¡Después de estar acusados de corrupción, con un tesorero dimitido y el reconocimiento por parte de los tribunales de que un presidente regional mentía!) que están siendo perseguidos por la nueva Inquisición, que los movimientos del PSOE conforman una cruzada contra ellos. Que España es un país dictatorial. Hay que joderse.
Unos diciendo que España es ágil, trabajadora, fiel, bonita, cool suficiente como para salir de la crisis, y que además lo vamos a tener ¡fácil-fácil, oiga!, en un acto de hipocresía y de engaño sin precedentes, y los otros diciendo que España se rompe, recurriendo al titular que tanto les gusta a los nacionalistas españoles pero cambiando de discurso, porque ahora lo que está en peligro es la libertad de todos los españoles, con leyes tan sádicas como el aborto o el matrimonio homosexual (que siguen dando guerra) y sobre todo con que el Gobierno recurra el caso archivado de un político mentiroso.
Luego dirán que hay desencanto. Miren, yo me paso al partido del voto en blanco, que al menos no me marea.






