Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Categoría: Radio, Cine y Televisión

Chica lista, chica tonta

Os pongo en situación: Belén Esteban. Parece un delito que dedique este último post del año (a excepción del riguroso-último-post-de-resumen) a esta ciudadana salida de la prensa de las vísceras, conocida popularmente como prensa rosa, pero resulta que tiene chicha el asunto, sí.

Este año ha sido movidito. La Belén se ha cambiado de programa, ha tenido problemas legales por su hija, ha dicho aquello de yo por mi hija MA-TO y, además se ha operado. Es curioso, pero todo este no parar le ha llevado a la boca de una muy gran parte de los españoles, y es que hasta los telediarios se han hecho eco de, si no una, otra noticia relacionada con ella.

A mí la Esteban me cae bien y me da pena. Me cae bien porque me hace gracia, me da pena porque debe de estar sufriendo como una perra. Muchos dicen -o mejor, decimos- que la chavala es lista, y es que, además de esas operaciones de estética gratuitas, que las malas lenguas justifican como modo de ocultar el deterioro causado por sus adicciones, debe de estar cobrando lo indecible por exclusivas y demás basura. No olvidemos que Telecinco tiene una deliciosa tendencia a financiar a aquellos cuya vida es despreciable, teniendo en último grado a mismísimos delincuentes.

Pero no, el dinero no lo es todo, ya lo sabemos. No quiero saber cómo se sentirá esa mujer, pero yo sí sé cómo me sentiría siendo objeto de oscuros debates entre marujonas -y marujones- por todo el país, los cuales me juzgan sin conocerme más que de ver angustiosos programas en la caja gilipollas tonta. Sabiendo que hago daño a mi hija, que la gente seria me desprecia, que me estoy lucrando a costa de la estupidez de una sociedad pueblerina en el peor de los sentidos, que tiene una vida tan aburrida que necesita meterse en de los demás, lo cual pasa por la mía propia.

En fin, sufriría. Y estoy convencido de que, por mucha fama -que no prestigio- que tenga y muchos millones en sus arcas que haya acumulado, lo está pasando mal. Allá ella. Como dice mi madre, que se deje de tanto matar y que se comporte como Dios manda.

Vaya pintes.

El morbo

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Las montañas rusas hacen que la gente vuele. [...] Hace años que Gabriel las diseña. Es su profesión. [...] Quiere conseguir ese doble momento excitante en que la gente desea por encima de todo que ese ritmo frenético se detenga ya, y sin embargo a la vez desea perversamente que todavía continúe, por mucho que parezca que el cuerpo va a saltar de la vagoneta y a sobrevolar el parque de atracciones como un ángel o un suicida.

- Adolfo García Ortega, “El mapa de la vida”

Leyendo ese párrafo en uno de tantos avances editoriales de libros que dan en las librerías (cariñosamente apodados por mí como “panfletitos”), no he podido evitar volver a un tema que siempre me ha llamado la atención. El morbo.

Me gusta cómo lo explica ese párrafo porque parece una definición muy pura: disfrutamos del cierto tipo de sufrimiento, bien propio, bien ajeno. En el fondo es cierto masoquismo, y lo cierto es que podemos encontrarlo no solo en parques de atracciones o en la cama. Seguro que a nadie se le escapará que es lo mismo que ocurre con las películas de terror, o en cuanto nos ponemos en contacto con lo más duro del “misterio” que podría proclamar nuestro gran conocido Iker Jiménez.

Es sumamente atrayente. Llevo ya tiempo planteándome qué voy a hacer con [rec] 2, la secuela de la película que me hizo gritar (y mucho) en el cine, del miedo y los sustos. Sé que si voy lo voy a pasar mal unas cuantas noches, y sin embargo es difícil resistirse a la tentación. Porque lo sabemos: entretienen, divierten. Me gustan las películas que me hacen sentir emociones: reirme a carcajadas, llorar como una magdalena y, por qué no, dejarme las cuerdas vocales en vociferar. Las disfruto.

Con las historias de Milenio 3 ya hace mucho tiempo que me decidí a dejarlas de lado, porque concluí que no me aportaban lo suficiente, pero no puedo evitar ver Cuarto Milenio si coincido. No sé. Me fascina lo misterioso, supongo que como a todo el mundo.

Pero también lo es algo mucho más mundano: el cotilleo. Nos gusta meternos en la vida de los demás, divertirnos con sus desgracias (ush, esto último ha sido duro). Con el plus de que muchos sabemos que eso está mal. Recuerdo otro libro que leí hace unos pocos días, el de Pájaro a pájaro (muy recomendable, por cierto), en el que su autora, muy humana, lo cual es de agradecer, decía…

Tu autoestima puede verse ligeramente afectada cuando descubras que estás deseando que le sucedan cositas malas a tu amiga. Las cosas buenas les ocurrirán a alguien que no seas tú.

El mundo del corazón es un remedio para masas contra el tedio. En esencia es envidia, y quizá de la mala. Claro que es muy cuestionable meterse en la vida de los demás, y juzgar lo que se dicen en platós. ¿Recordáis cuando cierta cadena española, que no diré que es Telecinco, pagó a Julián Muñoz, un jodido ladrón, unos 350 000 euros? Y ahí seguimos.

Que viva el morbo, porque lo morboso es humano. Vaya por Dios, no somos tan perfectos.

Quiero televisión pública

No sé qué consecuencias traerá la supresión de la publicidad en TVE, pero lo cierto es que, salvo ciertas excepciones, la televisión pública que tenemos los españoles es la única que se salva de la quema. Buenas series, programas al menos respetuosos (nada en plan Dónde Estás Corazón o Sálvame), algo de ciencia (y ahora en hora decente). No está tan mal.

Pues está bien la campaña de la nueva temporada. Lo del acento me gusta, sí señora. También el que tenga en cuenta la diversidad, con el “seas gay o hetero”, dejando muy claro cómo va la cosa. No creo que esto sea un cambio de aires en TVE, pero aun así tampoco tenemos tanta queja, ¿no?

Televisión y política (valga la redundancia)

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En principio iba a escribir acerca de la TDT en general: de lo intolerable de que, de 26 canales, 3 sean de teletienda y otro de pago para fútbol (y mejor no profundizaremos en sus orígenes. Pero finalmente voy a hablar de la relación entre política y televisión, empezando por uno de esos canales que han llegado a las casas de todos los españoles que, voluntariamente o ya por la fuerza, tienen el nuevo sistema de recepción de televisión en sus hogares. Estoy seguro de que muchos de vosotros lo conoceréis, quizá por el caso Wyoming: su nombre, Intereconomía. Su signo: de derechas.

Intereconomía TV es un canal de televisión con cobertura a nivel nacional. Liberales en cuanto a lo económico, conservadores en cuanto a lo social, creo que no costará situarlos en la cercanía de los populares (si bien no son demasiado benevolentes con ellos). Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha convertido en la bandera mediática, seguida de Popular TV, la Cope, Veo TV, Libertad Digital y la futura esRadio, la Razón y otros minoritarios como Alba o Época, del que muchos llaman “lobby ultraconservador”, utilizando esa terminología que a ellos tanto les gusta. Y basta una búsqueda en YouTube para saber de qué va esta gente.

Ayer, tras intentar ver un debate en la Noria de Telecinco, hice zapping hasta llegar a Intereconomía. Era otro debate, el mismo que aquella vez había visto en el que Escolar no se llevó el más mínimo apoyo. ¿Su nombre? El gato al agua. Cinco personas en principio enteradas sobre los temas que van a tratar debatirán sobre temas de actualidad. Sin embargo, qué deciros: más que un debate parecía eso una amistosa conversación. Una sola voz discordante frente a cuatro a favor de la línea editorial (si se me permite utilizar este término) del canal: así pueden exponer como quieran, argumentando solo si les apetece, porque nadie les echará en cara no hacerlo. No obstante, no negaré que exponían opiniones interesantes, bien las sensatas, bien las carentes de argumentación. Digamos que tuve un momento Noria: me enseñaban tanto sus aciertos como sus estrepitosos errores.

Daban en el clavo afirmando, por ejemplo y hablando del tema del aborto, que es una postura absolutamente machista no responsabilizar también al padre en el embarazo no deseado, así como no pedirle opinión también a él. Quizá exageren, pero tampoco veo demasiadas fisuras a aquello de que el aborto se está convirtiendo en un método anticonceptivo alternativo. Pero, por el otro lado, se les ve el plumero cuando afirman que Zapatero (tras haberle llamado ignorante, mentiroso e incompetente por diversas razones) cuando pide retirar los símbolos religiosos, peca de maldad. Conclusión más estúpida en mi vida la vi: ¿en serio, aunque no lo compartas, no entiendes las razones de aquellos que piensan que la religión debe mantenerse al margen en temas institucionales en un Estado aconfesional?

Sabemos que la política en España va mal: Zapatero no tiene ya a muchos a su favor, el PP no se está ganando la oportunidad de reemplazarle; muchos problemas en nuestra sociedad, muchos debates abiertos y decisiones mal resueltas. Y quizá esto pase en todos los países del mundo, pero lo desconozco: medios que tienen poco de neutrales. Siempre había dicho que me fastidiaba que sean los de derechas los que tengan los medios para difundir sus ideas en los medios (recordad la lista que mencione antes de canales de radio y televisión, así como de webs, que pertenecen al lobby ultraconservador), pero lo cierto es que la izquierda también tiene de lo suyo. Publisexta (La Sexta -TV- y Público -prensa-), así como el mundo Prisa (Cuatro y el País, especialmente) se etiquetan claramente como progresistas.

Los medios no son muy sutiles. Ha llegado un momento en que Público me ha llegado a decepcionar con el cierto fanatismo que deja entrever (aunque lo cierto es que aún recuerdo esa argumentación que hicieron a favor de Chávez que, he de reconocer, me dejó sorprendido), así como he podido ver en ambos bandos más veces, en repetidas ocasiones. Pero Intereconomía yerra de descarada. Con afirmaciones categóricas como la de la maldad de Zapatero pierden toda la credibilidad, y vemos que estas se repiten constantemente en su programación. Difunde y opina lo que quieras, que de eso se trata la libertad de expresión. Pero al menos argumenta. Y no ofendas de forma tan gratuita, que queda feo.

En definitiva: la televisión se ha convertido en política. Y no solo por qué posturas defiendan, sino por su falta de coherencia y de sentido común (apoyando políticas y programas absurdos, por ejemplo) y por los continuos ataques mutuos. En la mayoría de los casos, carentes de razón: en especial cuando metemos la definición de “periodista” de por medio. O cuando achacan unos a otros en política de aferrarse al poder (los otros lo hacen a la audiencia). Incluso cuando se echan en cara negociar con los terroristas, o llevar a platós a delincuentes. Me dan un poquico de asco, qué queréis que os diga. Pero así es este país.

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Cuánta razón.