Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Categoría: Oxford 09

Echando de menos

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He escrito ya bastante acerca de mi viaje a Oxford, pero quizá no lo suficiente. La experiencia ha sido extraordinaria, creo que eso ya ha quedado claro, pero precisamente por eso me resulta tan difícil no “recuperarme”.

La vida allí era fascinante. Cierto, eran vacaciones, pero además, como ya dije en varias ocasiones, era vivir allí. No sería capaz de describiros la felicidad que sentí al caminar la primera vez por aquella calle que tantas veces recorrería en aquellos 28 días, destino al bus que me llevaría al centro, así como no podría describiros la tristeza que inundó la última -y uso bien el verbo “inundar”, tal era el maldito llanto que llevaba encima.

Conocí a muchísima gente, también lo sabéis, pero gente de la que despedirme en su mayoría. De Asturias, con los cuales ya he vuelto a estar (con alguno alguna incluso varias veces); de León, un par de ellos; el mejor sevillano ever, y mis amadas catalanas. Las simpatiquísimas italianas, los amistosos franceses. Los turcos, incluyendo a mi compañero de habitación (sí, el que me dijo que si quería pepino); los macedonios, con pijas, delincuentes, gente normal y frikis; los rusos, en especial esa gran fotógrafa, y también las kazajas: una de las sorpresas. Chinos que me dijeron que mi nombre, en mandarín, significa “chica amarilla”. El jordano, el dubaití, la japonesa. Aaron, mi profesor, un encanto de hombre: atento, divertido, educado y respetuoso al máximo. Mi monitora, la española (aunque es de Argentina), con la cual disfruté de encantadores paseos por las curiosas tiendas de Oxford.

Y claro, la familia. Cuando llegué el primer día voy al salón y me encuentro una decena de chavales: fue embarazoso, máxime después del episodio del teléfono. Pero fueron buenos anfitriones. La abuela era muy entrañable, el primo gilipollas perdido. El marido no muy hablador, pero agradable al fin y al cabo. Los hijos mayores, nah, buenos chavales. La pequeña, con la que tanto me reía y que tantas cosas me contaba. Y esa madre postiza que tuve por un mes, cariñosa y trabajadora, y que me despidió ojos llorosos -provocando en mí otra cascada de lágrimas, obviamente.

No solo eso. Sumémosle a las nuevas compañías una nueva y agradable rutina, chocolates calientes y alitas de pollo, libros a media libra, English everywhere, muchas situaciones curiosas, monumentos casi hechizados, calles casi mágicas, rincones escondidos, alfómbricos céspedes. Londres, Stratford, Bath. Música. Muchas canciones que me deprimen en cero coma estos días. Ir pa aquí, ir pa allá. Primeras veces (en el mejor sentido de la expresión).

Sería feliz volviendo a pasear por Oxford, porque de veras lo echo mucho de menos. Pero sé que lo que echo de menos no es un lugar, sino una experiencia. Tengo la misma sensación que tantas otras veces: si tratara de repetirlo, perdería el encanto. Y por eso me limitaré a quedarme “pinzao” viendo cualquier foto de las 500 que allí hice que me encuentre por cualquier lado. Quién sabe, quizá así logre acostumbrarme a la cantidad de despedidas que, seguramente, tenga que sufrir en todo lo que me queda por delante.

Ya está. No publicaré nada más de Oxford, que ya ha sido suficiente. Sed felices.

He subido un buen puñado de fotos que hice por allí a Picasa. Seguro que os gustarán: no hace falta ser un gran fotógrafo para captar tanta belleza :).

Oxford (again)

Bollywood

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Mientras estuve allí en Oxford, con la familia de origen pakistaní, tuve la oportunidad de conocer ya de una vez por todas qué era de verdad el mundo de Bollywood.

Todo un universo de bailes, música, tradición y recato a la par que, poco a poco, modernidad. Mi “madre” me lo decía: todas las películas y series de Bollywood iban de lo mismo. Casarse o no. Razón no le faltaba, pero también acertaba afirmando que cada vez lograban hacerlo distinto e interesante. No es algo tan raro: la música en general suele tratar sobre el amor, aquí y en la China Popular, y no por eso deja de sorprendernos en muchas ocasiones. Con Bollywood ocurre lo mismo, solo que ya no son simples composiciones de unos pocos minutos (ni mucho menos).

Porque las hay de todo tipo: desde las más tradicionales hasta las más cercanas a Hollywood. Si bien la música, el color y los bailes son comunes a todas ellas, he visto desde las más típicas, las cuales son un excepcional modo de acercarse a la cultura india, hasta de mafiosos, pasando por algún drama con tintes cómicos.

Además, Bollywood impregna la sociedad india. Las series de televisión son a su imagen (aunque, evidentemente, con menos medios), y en la publicidad se recurre a los actores de las películas. Incluso a tantos miles de kilómetros, en Reino Unido, aquella familia disfrutaba (y me hacía disfrutar) de ese maravilloso cine.

¿Mi película favorita? No vi muchas, pero Kal Ho Naa Ho me encantó, y francamente: os la recomiendo. Si pensáis que una película de este género os aburrirá, os aseguro que tendréis que cambiar de idea. Por la historia, por el escenario y sobre todo por la banda sonora. Porque Bollywood es mucho Bollywood. Y además, literalmente.

Dos cosas que ya deberían haberse inventado

Pero no tengo conocimiento de que así sea. Tras mi mes en UK y a través de la experiencia (empíricamente que creo que se dice) he llegado a la conclusión de que existen dos negocios que, parece, nadie ha tenido aún la idea de montar…

  1. Una tienda en la que se venda solo comida envasada (al estilo Marks&Spencer Simply Food, lugar francamente sorprendente, todo empaquetado), pero con microondas a la salida, además de, por supuesto, asientos (y que sean altos, que invitan a irse) y servilletas+cubiertos.
  2. Una web en la cual lo primero que haces al entrar es dar la fecha en la que te fuiste de vacaciones, y que a partir de ella te muestre cuáles han sido las noticias más importantes (a partir, claro, de Trending Topics-Twitter, noticias de Google News, etc.) clasificadas en varias categorías. Podría haber de infinidad de ellas: nacional e internacional, política, sociedad, deportes, medio ambiente, geek (por supuesto)…

La primera no me la cojáis: cuando sea mayor, crearé una existosa cadena de tiendas de ese estilo. La segunda sí que estaría bien que alguien la tomara, ¿o no?

Por supuesto, si he cometido la vanidad de suponer que no existen cuando en verdad sí, decídmelo.

Nuevos tiempos, nuevas ideas

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