Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Categoría: Oviedo

Es verano

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Vale, aún no, pero tenía que intentarlo.

Queda aún algo más de una semana de invierno, pero tengo muchas ganas de verano, la verdad. Recuerdo muchas veces aquel post en el que comentaba que olía a vacaciones. Últimamente me ha pasado varias veces: tuve la real sensación de que estaba a finales de curso, de que el Sol que lucía no es ese que solo ilumina en invierno, sino ese otro que nos lleva a la playa.

Pero hoy, quien haya estado en Oviedo me dará la razón de que hemos tenido un día veraniego. Me he puesto una de esas camisetas de manga corta que llevaban meses sin tocar, y he vuelto a disfrutar de la sensación de ir sin sudadera, chaqueta y braga al mismo tiempo.

Hay muchos motivos para que este año desee especialmente que sea verano. Ideas, viaje, y algo nuevo en mí: echo en falta los días de playa. Ir a Luanco de vez en cuando a ver a gente conocida, disfrutar de tomar el Sol sin tener nada más que hacer. Volver a decir que ha llegado.

En fin, que tres meses y una semana pasan muy rápido. Verano: ¡ven ya!

Locus amoenus

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El mundo está lleno de locus amoenus, pero muchos no sabemos aprovecharlos.

Si bien no me canso de decir que soy de la muy noble, muy leal, benemérita, limpia y no menos elegante Ciudad de Oviedo, también llevo con orgullo alegría mi condición de asturiano. Echándole un vistazo a uno de los blogs de mi ya buena amiga Marina me doy cuenta de que mi querida comunidad está llena de esos lugares.

Yo soy de esos bichos raros que nunca ha tenido el pueblo al que ir todos los veranos. Tan solo fui una vez a la preciosa aldea en la que se crió mi madre, y francamente, añoro mucho la increíble sensación de estar en el campo. Tranquilidad, naturaleza, silencio. Para tirarse en un prao, sacar el libro y, si no buena música, escuchar la melodía del campo, la cual nada tiene que envidiar a la otra. ¿Otras modalidades? Playa, o el monte urbano (léase Purificación Tomás en Oviedo).

El mundanal ruido puede ser agotador en ocasiones, y de vez en cuando me trae a la memoria otro de mis sueños: disponer de una bonita casita perdida por los montes de Asturias, donde salir y tumbarme sobre la hierba. Mi propio locus amoenus. Dormir bajo la luz de las estrellas (¿quizá al lado de alguien?), escuchar el murmullo de una fuente cercana, sentarse a reflexionar… ¿No es acaso extraordinario?

Castellano bableizado (nun ye poca cosa)

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Esta noche es Nochebuena, y mañana Navidad. Y, pese a todo, voy a tocar un tema que, como digo en el título, nun ye poca cosa.

Los pocos que me lean con asiduidad se habrán dado cuenta de que en mi peculiar lenguaje escrito conjugo todas las normas ortográficas con ciertas palabras de origen incierto.

Yo no hablo español, no. Yo hablo castellano bableizado. Una peculiar especie lingüística oriunda de la región norteña de Asturias que controlan a la perfección todos aquellos (o casi todos aquellos) que no usan el bable pero que tiene suficiente influencia suya.

Algunos de sus rasgos característicos son el uso de pronombres tras el verbo (en vez de “¿me los trajiste?” decimos “¿trajístemelos?”, con un acento especial en aquellos los habitantes de las cuencas). Pero sin duda lo más usado del castellano bableizado se ve resumido en el “¿qué ye, ho?”. “Ho”, según exhaustivos estudios, proviene de “hombre”, o mejor dicho, “home” (también presente en la expresión interjectiva “¡home, no!”). ¿Para las mujeres? Muyer. ¿Y que algo te gusta? Pues te prestó, ye prestoso.

¿Quién habla ya bable en las grandes urbes asturianas (Gijón y la muy noble, muy leal, benemérita y no menos elegante ciudad de Oviedo)? Nadie, ho. Aquí se habla el castellano bableizado, y muy orgullosos que tamos de ello. He dicho.

Pero bueno, ya que estamos, me pondré serio y expondré mi opinión sobre el idioma asturiano (¿eing?). No quiero que el bable se muera, pero no creo que sea necesario implantarlo en las escuelas obligatorio como se hace en País Vasco, Cataluña o Galicia. Llamadme poco nacionalista, pero creo mucho más oportuno ser bilingue de castellano e inglés o cualquier otra lengua extranjera que de un idioma que hablan cuatro pininos. Si alguien quisiera estudiarlo, quisiera componer-escribir en bable, que lo aprenda, pero yo creo mucho más natural nuestro castellano bableizado que un bable impuesto.

Comprendo, repito, que haya gente que sienta incluso cariño por este idioma, pero no comparto ese amor incondicional. Asturiano es mucho más que decir “qué ye, ho”, y me siento asturiano como el que más, pero como yo nunca he vivido con el bable no siento que sea mío. Solamente eso.

Oviedo

Oviedo

Últimamente estoy muy visual, no cabe duda. Pues siguiendo en la línea, he aprovechado la comodidad del nuevo Picasa para subir un álbum con un buen puñado de fotos de Oviedo. Un centenar de imágenes, tomadas en su mayoría en modo turista, y que por supuesto dejan ver el amor que tengo por mi ciudad. Porque salta a la vista, ¿no?