Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Categoría: Religión

El futuro que no veremos

Reconozcámoslo: a todos nos gusta fantasear con el futuro, bien sea el inmediato, el que afectará a nuestras vidas, bien el remoto, que como mucho podremos imaginar y lamentarnos de que no nos vaya a tocar vivir.

Bah, en el fondo a la gran mayoría de los bloggers nos atrae la ciencia ficción: la única fantasía que se ha hecho realidad en repetidas ocasiones. Ayer publicaron en Microsiervos (parece que fue ese mismo ayer cuando empecé a hacerles referencia) de la inteligencia artificial. Pero podía haber sido de búsqueda de vida extraterrestre, de viajes a millones de años luz o de extrañas tecnologías. Da igual: el hecho es que bien la imaginación de grandes escritores, bien la realidad, nos enseña qué es lo que viene.

Por el momento vamos viendo cómo aparecen inventos peculiares -pantallas transparentes o flexibles, baterías de papel, ropa inteligente, bacterias artificiales, sintetización- a la par que grandes descubrimientos en el campo de la ciencia, que no hacen sino demostrarnos que, efectivamente, nuestras vidas podrán cambiar de un modo extraordinario.

Pero yo no voy a eso, que posiblemente podremos ver en todos lados antes de que muramos todos: me interesa más lo que precisamente no se hará realidad hasta dentro de bastante, en principio. Y sí, la IA y la exploración del Universo es lo más importante de todo ello.

¿Habrá vida más allá? Estuve pensando en esto de Genciencia acerca del infinito, y lo cierto es que, por primera vez, tengo mis dudas (aunque lo creo francamente muy posible). ¿Superseres humanos con altamente desarrolladas capacidades físicas e intelectivas? Si no se acaba el mundo antes, va a ser que sí. Siendo honestos, asusta ver todo lo que se acerca.

Y es que (si habéis leído El Templo de los Nenúfares, que en cierto modo es mi Biblia, lo sabréis) mi opinión es que el humano llegará algún día a dominarlo todo, a hacerlo todo y lo que es más importante: a saberlo todo. Soy consciente de que, en principio, es algo imposible, pero eso es precisamente lo que podría considerar mi religión. Porque es la esperanza absoluta, de que todas las opciones pueden hacerse realidad. Y es ciega.

Ya que estamos, os sugeriría que os leyérais ETDLN, porque creo que lo mejor del libro está en todo lo que se relaciona con esto.

Vivir con dios, vivir sin dios

Faltaría más, primer post del año dedicado a la divinidad. Sabéis como soy, no lo puedo evitar. Agarraos que viene un post largo.

Qué cómodo se está sin creer en Dios, y qué bueno tener la libertad para hacerlo. Tranquilos, que no voy a criticar a la Iglesia -no hoy-, solo quiero reflexionar sobre el hecho de que de un tiempo a esta parte una gran parte de la sociedad occidental está empezando, por primera vez en milenios, a vivir sin necesidad de apoyarse en la fe.

Es curioso, porque, siempre se dice, el ser humano es religioso por naturaleza: no en vano lleva milenios creyendo, y la herencia la tenemos en estas fiestas navideñas, por ejemplo, y cuya importancia no quiero subestimar. También he hablado de lo atractivo que es lo místico. Y, qué gracia, aquí estamos unos cuantos millones de personas viviendo igual que los creyentes, con nuestras penas y alegrías, y quizá algo más de tiempo los domingos. Sigo tan medianamente feliz como cuando era un niño inocente, nada ha cambiado. Y lo mejor es que puedo, porque es mi decisión creer en lo que me dé la gana. Y lo hago. Si Dios existe, bueno, creo yo por ahora que ya me enteraré cuando sea momento, pero no gano nada adelantando acontecimientos.

Pero dejando esto de lado, quiero decir algo. Tengo por costumbre meterme con religiones, Iglesia y creyentes, y creo que necesito rectificar: formo parte de una minoría, y ya solo por eso al menos estos últimos se merecen un respeto. El Papa invitó hace unas semanas a dialogar con los ateos, si bien con unas condiciones un tanto extrañas. Da igual, no me parece mal. Una tarea pendiente que servidor tiene es debatir largo y tendido con un cura (o cualquier religioso, qué duda cabe), siempre y cuando se vaya con el respeto, la franqueza, la objetividad y, obviamente, la apertura de mente por delante, de ambas partes.

Están en su derecho de querer que yo crea, así como a mí me encantaría que ellos no lo hicieran. De hecho, dispuesto como estoy a que me vayan convenciendo de que crea, me gustaría proponerles algo a los creyentes. Escribí hace unos meses (aunque no aquí) que, hasta donde yo conozco, la fe irracional se basa en la combinación de cuatro factores:

La costumbre de llevar toda una vida creyendo en lo mismo, y el conflicto personal que supone negar esas creencias; la confianza que otorga que tus seres queridos te la hayan transmitido pensando que son las verdaderas, así como el saber que se ha transmitido entre generaciones y que en tu entorno piensan lo mismo; la necesidad de buscar esa respuesta absoluta, además de ser un último recurso para las malas situaciones, y finalmente el miedo que supone estar desamparado (en contraposición a la protección que un dios otorga), pero también a un hipotético rechazo por parte de tu familia, amigos o la sociedad entera.

Dicho esto, mi sugerencia sería que fueran ateos por un día. Que se olviden de todo prejuicio o hermetismo y que reflexionen, quizá ayudándose de preguntas como estas:

  • ¿He estado alguna vez en contacto con el Dios en el que creo?
  • ¿Tengo argumentos para defender mis creencias? ¿Se enfrentan estos con otras ideas que tengo en las cuales creo de una forma que se podría considerar más racional o científica?
  • ¿Pesan más esos argumentos que los cuatro factores? En caso negativo, ¿qué puede significar?
  • ¿Soy libre para pensar diferente de como pienso? ¿Soy ideológicamente independiente?
  • ¿Tengo algún argumento para explicar que mi religión sea la auténtica cuando hay millones de personas (ateas o creyentes) que, en circunstancias semejantes, piensan distinto?
  • ¿Estoy seguro de que creer no es para mí una necesidad “emocional”? ¿Me aporta algún beneficio?

Quien responda que no a alguna de estas preguntas, aunque sea solo una, debería no tanto como replantearse sus ideas (que ojalá), pero al menos pensar por un rato si se sostiene toda la imaginería que tiene en su mente. Si se sostiene, pues que sigan siendo felices. Si no, les deseo una deliciosa comedura de cabeza por unos cuantos días, o lo que haga falta.

Aquí sigo esperando a alguien que me lleve la contraria, ya lo sabéis. Nada me gusta más que debatir, y huelga decir que aún más si es de estos temas ;).

Excomúlguenme

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Hoy algunos amigos míos se confirman. Algunos de ellos lo hacen porque quieren, otros por compromiso. Yo, hace 3 años, iba por el mismo camino, pero entonces, por primera vez, me decidí a decir no.

Sea como sea, son cuatro gatos. La Iglesia está perdiendo clientes: mientras que cuando era pequeño -aún lo recuerdo- nos escandalizábamos ante la más mínima falta de fe, ahora nos extraña que haya alguno que la mantenga. Estamos recibiendo una educación diferente, que nos pone ante los ojos la evidencia de que Dios no hace falta.

Y la Iglesia sigue en su línea de hacer amigos. Cuánto me sorprendió el otro día lo de que excomulgaría a quien apoyara la ley del aborto, porque era un pecado mortal. Obviaré el hecho de que no dijeron lo mismo con la anterior ley, o que me parecen bastante respetables ambas posturas. Lo que me llama la atención es que usen la misma técnica que se usaba en la Edad Media.

Pecado. Ciertamente es un insulto, un insulto a nuestra inteligencia. Un insulto a los diputados, una maldita falta de respeto. ¿En serio los congresistas van a dejar de cumplir su responsabilidad, ejerciendo la razón y el buen criterio -en definitiva, lo que los ciudadanos esperamos de ellos-, por una amenaza eclesiástica? Siempre criticamos a la clase política, pero también tienen sus momentos de lucidez. Nah, afortunadamente sus palabras tendrán poco efecto en el hemiciclo.

Pero por favor, Iglesia: despertad. No seré yo quien os ayude, cierto, pero si queréis llegar a algún lado, apelad al sentido común, haced las cosas bien. Porque esta vez el chantaje no funcionará. Que estamos en el siglo XXI, por el amor de Dios.

13 de noviembre

Os contaré una anécdota curiosilla que me pasó hace ya un par de años. Iba yo tranquilamente por ahí cuando, de repente, me encuentro algo en el suelo: una hoja de calendario. Sí, 13 de noviembre. Y además martes.

Mmm, estaba pegado a una iglesia. Yo no lo supe relacionar, pero sí quien me acompañaba. Superstición, dijo. No sé por qué, pero pensé que me había ocurrido algo extraordinario. Me llamó tanto la atención que ya veis: aquí estoy, recordando ese mismo día. Creo que algún día escribiré un relato, algo misterioso, para darle un poco de interés a ese acontecimiento.

Es una chorrada, lo sé, pero así soy yo: me marca la cosa más peregrina. En fin.

Nota: sí, en este post se encuentra el secreto de la vida, que, BTW, no es 42.