Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Categoría: General

El facha

Hoy, toca anécdota. Como tantas otras, me ha servido para comprender mejor algunas cosillas. Os cuento.

El año pasado tuve la oportunidad de encontrarme, por primera vez en mi vida, con un joven ejemplar de franquista-fascista-neonazi-llámelo usted como quiera. Obviamente, no pude dejar pasar la oportunidad de investigar cuáles son sus características, cómo respondería a mis estímulos y, sobre todo, qué es lo que se esconde tras tan a priori ingente cantidad de odio sin sentido.

Primer día, en el autobús, junto a las 20 personas con las que compartiría el siguiente mes. No conocía a nadie, y como suelo hacer en tales circunstancias me dediqué simplemente a escuchar. Nah, todo normal: los chavales soltando banalidades, las chicas cotilleando, otros en silencio y, bueh, un chaval fardando de amenazar maricones. En ese momento solté (para mis adentros) un terrible OH WAIT! Puse aún más la antena, y el chaval seguía en su línea: presumiendo de amenazar, de insultar, de despreciar. Por lo menos ya sabía a quién tendría que aguantar.

Sin embargo, no tardaría en descubrir que, en el trato, era mucho más serio que las demás joyitas. Se presentó con toda la educación del mundo, a lo cual yo respondí, no os voy a engañar, con la mayor de las falsedades. Eso sí, cuando unos días después volviéramos a coincidir en otro autobús, y no teniendo más remedio que sentarnos juntos, empezó la conversación, que se iría prolongando por varios días. Lo curioso es que fue todo un placer.

Y es que cuando empezamos a hablar tema por tema, acabó, primero, respetándome él a mí, y, después, sorprendiéndome yo con él. Podría decir que le cogí respeto, si bien no es demasiado exacto. No obstante, al lado de su faceta irracional agresiva, también tenía ciertos argumentos que, si bien muchos de los cuales eran inexactos, argumentos eran. Es decir: una de sus mitades se correspondía con la previsible actitud fruto de cierto adoctrinamiento, y la otra, en cambio, con una parte más justificada. El chico sustentaba sus actuaciones en unas bases frágiles, pero existentes, y eso me llamaba la atención.

Toqué el tema de las mujeres (no era machista; esa lección, en el siglo XXI, ya está mayoritariamente aprendida), pero me sorprendió su enconamiento en cuanto al racismo. Aludió a supuestos estudios que demuestran la supremacía intelectual, que no física, de la raza blanca (?), demostrándolo con la prosperidad de Occidente en contraste con el Tercer Mundo. Obviaba, por poner ejemplos simples, las malas condiciones territoriales del continente africano, la corrupción del continente instigada por el Primer Mundo, que (en principio) no descubrimos la rueda, que el mundo islámico en la Edad Media estaba mucho más avanzado que el cristiano (de hecho, si no fuera porque la ciencia confesional, en su mayoría, prefiere amoldar la fe a los descubrimientos y no viceversa, iríamos por el mismo camino). Da igual, le han dicho que hay un estudio, y le era suficiente. Pero, al menos, ¡oiga, pensaba!

Lo confieso: no le saqué el tema de la homosexualidad, tales eran las barbaridades que me esperaba. Eso sí: en algunos otros temas, secundarios por ser menos candentes, como las relaciones familiares o respecto a ser ciudadano, mostraba una sorprendente sensatez gracias a la cual, precisamente, le cogí ese respeto entre comillas que mencionaba antes.

Pero una última sorpresa. A la vuelta, sus padres y su hermano pequeño le esperaban. No podría describir el cariño con el que abrazó a los tres a la vez. Quizá solo me sorprendió ver que alguien con tanto odio adentro pudiera demostrar tal ternura. Recordé aquello que me decía mi madre de la vuelta de los comunistas durante la transición: tan mal les habían hablado de ellos que creían que eran poco menos que monstruos.

No, de nada sirve cerrarse en banda a nadie. Soy de los que piensan que todo ser humano tiene algo bueno en su interior, y aunque me reafirmo en mi rechazo absoluto al odio, máxime cuando carece de argumentos, creo que incluso de aquellos que odian puedes aprender algo. Y si mis conversaciones con aquel chaval sirvieron para que reflexionara aunque fuera un poquito, así como yo hice, no necesito más. A mí, me ha valido la pena.

Honestamente, no sé qué imagen ponerle a este post, por lo que así se queda.

Praga, Bratislava, Budapest, Viena y frío

Ya se ha acabado la semanita de viaje de estudios por Centroeuropa. ¿Balance general? Bien, porque he visto y vivido lugares impresionantes con gente que me cae bien, pero vuelvo con un sabor agridulce.

Empezaremos por la peor parte.

Problemas

El frío. No os podéis ni imaginar lo que han influido las bajas temperaturas en el disfrute de un viaje que a priori se intuía perfecto. Desconozco realmente si sentí en mis carnes las escalofriantes temperaturas que se esperaban (hasta -16ºC), pero he sufrido. Cuando vas a unas ciudades tan encantadoras no pudiendo estar un cuarto de hora afuera no disfrutas como debieras: cada hora de tiempo libre que nos daban se convertía en la búsqueda del sitio más cercano donde encontrar calor, en especial de noche. Además, no olvidemos la repercusión que tiene en el estado de humor, que, creo yo, es crucial además en un viaje donde la convivencia lo es todo.

Y es que si al frío le sumamos el estrés entenderéis mi reticencia a decir que lo he disfrutado totalmente. Por si fuera poco el reducido tiempo con el que contábamos en cada lugar, algunos fallos en la organización y algunas complicaciones con los autóctonos nos pusieron un poco más de los nervios, si cabe. En uno de los hoteles, había vello púbico en las camas, semen en las sábanas, sangre en las toallas y cucarachas muertas. En el balneario, en teoría casi de lujo, nos hicieron esperar media hora cuando solo teníamos hora y media para coger el bus (paradójico el estresarnos en un lugar así, ¿no creéis?).

He llegado a casa cansado y enfermo (algo tengo en la garganta). No, no he desconectado.

Peeero…

Ha estado bien, no os voy a engañar. Como ya dije, he visto cosas increíbles, y por eso quiero, ya liberado de lo malo, contaros la chicha para que veáis cuán curiosas cosas os esperan si viajáis en alguna ocasión por aquellos lares.

Praga

De Praga salí con la sensación de haber estado en un parque temático. No se veía más vida que la turística por ahí, y la verdad es que no me gustaría que el inglés invadiera el castellano del modo que lo hacía allí con el checo, por no hablar de la gran cantidad de empresas inglesas allí establecidas (Tesco, Marks&Spencer…). Los monumentos, de acuerdo, ciertamente impresionantes.

  • Castillo de Praga: una catedral impresionante (con una preciosa vidriera de Mucha, un artista del lugar), así como el Callejón de Oro, con mucho encanto.
  • Puente de Carlos, totalmente de película Disney.
  • La plaza vieja, con el curioso reloj, un bonito lugar donde ver los peculiares monumentos alrededor y quizá disfrutar de los puestos ambulantes de comida.

También paseamos por sus calles con la tranquilidad que nos permitía el frío, viendo quizá tiendas de lujo, rincones secretos, huellas soviéticas o detalles simplemente diferentes, y eso jamás es malo.

Bratislava

Apenas estuvimos un par de horas, que dedicamos a comer y a dar un supersónico paseo de un cuarto de hora por un poco del casco antiguo. Un placer utilizar los euros y un asquete probar el agua con gas.

! → Reflexión sobre el agua con gas #1: El agua con gas no es agua normal con burbujitas. No sabe a agua normal, ¿vale?

Budapest

Pese al asunto del hotel, la verdad es que esa ciudad me gustó. Fue la de los transportes: montamos en barca por el Danubio, gratis como recompensa; en tranvía, gratis por gracia del conductor, y en metro, y también vimos trolebuses. En cuanto a lugares visitados…

  • El Bastión de los Pescadores: un mágico rincón digno de cuento de hadas que, a modo de gran mirador de Budapest, fue construido con el único objetivo de agradar a la vista. Es, y no es para menos, Patrimonio de la Humanidad.
  • Una cafetería que encontramos por casualidad, en el interior de lo que parecía un palacio. Techos altos, decoración espléndida, buen servicio: romántica y encantadora.
  • Balneario Gellert. Pese a los problemas por entrar, pudimos relajarnos en sus piscinas, de principios de siglo y con un encanto indiscutible. 26, 36 y 38 grados, si mal no recuerdo, más el frigidarium, el baño turco y la sauna. Lo probé todo, con moderación y a excepción de la sauna. Y la piscina a 36, fantástica.

También me gustó el cambio que sentí con respecto a Praga: allí había vida. Fuimos a una de las calles principales, y no había solo turistas, por fin.

! → Reflexión sobre el agua con gas #2: No fiarse de comprar agua que no parece tener gas. Fijarse bien en que diga still water, porque compramos una que (solo pudo haber sido obra del demonio) sabía a agua con gas… ¡pero sin gas! El colmo de la asquerosidad, sabía a agua de chochos.

Viena

Si bien veíamos que no quedaba mucho viaje, Viena no decepcionó. Una ciudad europea a todos los efectos, con nuestro anhelado euro (lo siento, usar coronas y florines no tiene ningún encanto) y con un idioma que no parecía albanokosovar.

  • Una bombonería. Fueron terriblemente amables, enseñándonos las delicias que tenían en su pequeño local. Todo un placer.
  • Museo de Belvedere: un magnífico cuadro de Gustav Klimt, el famoso “El beso”, así como un clásico retrato de Napoleón que era simplemente hipnotizante.
  • “Museo B” (mañana os contaré).

Y, aparte, toooooooodos los monumentos. Es increíble la cantidad tan desmedida de edificios antiguos que hay en Viena: es francamente imposible cuidarlos todos.

Conclusiones

  1. No viajar nunca a un lugar donde haga frío.
  2. Deberíamos compartir nuestro tópico de hiperhistórico país con alguno más.
  3. Conocer culturas puede sonar divertido en principio, pero no todas ellas te van a gustar, tenlo por seguro (ahí lo dejo).
  4. Frase de 0,60€: vaya cómo se aprende viajando.
  5. Y otra: la convivencia puede desgastar, pero no es tan mala.

Mañana, os cuento los momentos WTF. Y hay uno que, os aseguro, merecerá la pena.


Centroeuropa, jdeme na to!/gremo!/gyerünk!/los geht’s!

Sí, mañana domingo me voy de viaje de estudios por Centroeuropa. Praga, Budapest, Bratislava y Viena son los cuatro países, cuatro idiomas y cuatro monedas que me esperan, y no os voy a engañar: tengo muchas ganas de ir.

Me viene de lujo desconectar: este año está siendo, tal y como pronosticaba, bastante interesante -lo cual se deja ver en la escasa frecuencia de actualización de Diretes en estas últimas semanas-, y un respiro nunca está de más.

¿Qué me espera allí?

  • Desconexión.
  • Balneario.
  • Muchos sitios bonitos.
  • Fotos (:D).
  • Estar con mi gente.
  • Idiomas y monedas.
  • Aire fresco.

Pues nada, mis queridos lectores. Acordaos de mí y envidiadme durante la próxima semana, que es lo que toca. Huelga decir que ya os contaré las aventuras y desventuras a la vuelta.

¡Y 2010!

  • 2010 empieza pisando fuerte (de hecho, si fuera un presagio, este año sería muy WTF).
  • 2010 será el año en el que viajé 3 veces, pisando 4 países.
  • 2010 será el año en el que dirigiré mi vida. El año en el que, previsiblemente, me emanciparé.
  • Hará falta una bomba nuclear para evitar que el 2010 sea, definitivamente, el más emocionante de mi vida.