Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Categoría: Literatura

13 de noviembre

Os contaré una anécdota curiosilla que me pasó hace ya un par de años. Iba yo tranquilamente por ahí cuando, de repente, me encuentro algo en el suelo: una hoja de calendario. Sí, 13 de noviembre. Y además martes.

Mmm, estaba pegado a una iglesia. Yo no lo supe relacionar, pero sí quien me acompañaba. Superstición, dijo. No sé por qué, pero pensé que me había ocurrido algo extraordinario. Me llamó tanto la atención que ya veis: aquí estoy, recordando ese mismo día. Creo que algún día escribiré un relato, algo misterioso, para darle un poco de interés a ese acontecimiento.

Es una chorrada, lo sé, pero así soy yo: me marca la cosa más peregrina. En fin.

Nota: sí, en este post se encuentra el secreto de la vida, que, BTW, no es 42.

Bienvenido, libro electrónico

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La verdad es que desconozco el tiempo exacto que se lleva diciendo que tal año u otro va a ser el del libro electrónico. Y sin embargo, ya no cabe duda de que su llegada es ya más que inminente. Hay quien dice que será estas navidades, y si bien no soy tan optimista, sí, está cerca.

No cabe duda, no: el fin de los libros tal y como los conocemos no tardará en llegar. Leía en el Magazine de ayer, de la mano de Trapiello, que hubo nostálgicos cuando llegó la luz eléctrica a las calles. Como es obvio, hoy nadie se imagina candiles y cosas por el estilo en nuestras ciudades. Lo mismo ha ocurrido con la música en soporte físico, absolutamente old-fashioned, y ocurrirá con nuestros amados libros. ¿Se pierde encanto? Quizá. Pero su falta acabará curando.

No olvidemos que el ahorro de papel, de espacio, de dinero y de tiempo son bazas muy fuertes en su favor. Se nos hará raro, cuando llegue, dejar de meter en nuestras estanterías una decena o quizá dos de libros al año, a la antigua usanza, comprados, físicos y grandes. Pero, por el amor de Dios, si el saber no ocupa lugar, ¿por qué lo ha de seguir haciendo su soporte?

La comodidad vence siempre a la nostalgia. Por eso las familias de hoy no se ven casi nada, o la gente prefiere quedarse en casa viendo una peli en vez de irse a la montaña. Además esto es diferente, porque leer siempre es leer, sea en un bonito de ejemplar de tapa dura con hojas de color marfil, en una pantalla brillante o de tinta digital o en la parte de atrás de un envase de champú. Así pues, dejemos, al menos en esto, que la tecnología avance. No seamos tan quisquillosos.

¿Dudas? Sí. Lo primero que hace falta es un estándar en formato de archivos (parece que ahora la cosa está entre el PDF y el ePub, pero el Kindle viene pisando fuerte con su formato cerrado). Amplia oferta, precios bajos. Pero parece que esto estará resuelto en cuestión de meses. Sí, sí, sí. Estoy emocionado. Bienvenido, Mr. Libro Electrónico.

¿Corrección lingüística? ¡LOL!

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Ya hace tiempo que el inglés empezó a introducirse en el castellano, por aquello de que suena más cool. Sin embargo, Internet está maximizando su influencia. He de admitir que siglas como WTF, LOL, OMG/OMC solo habían sido escuchadas por mis oídos en círculos reducidos de geeks. Hasta el inicio de este curso. Ahora todo el mundo dice LOL. Honestamente, es la sigla que menos me gusta de todos. Y la escucho continuamente.

Amo los anglicismos, para qué engañaros. Y sin embargo, más de uno sabrá cuán quisquilloso soy con cosas como las tildes. O con la imprecisión terminológica (lo último en pedantería). Entonces, ¿cómo compatibilizarlo? ¿Es razonable que utilice el By The Way y demás mientras monto escándalos por pequeñas faltas ortográficas? ¿Hasta dónde hay que respetar la lengua?

Por varios motivos, me estoy leyendo la Ortografía de la RAE. Me llama la atención cómo se adaptan a las diferencias en la pronunciación entre los países hispanoparlantes (el seseo, especialmente), cómo, pese a todo, respetan que se prefiera México a Méjico. Recuerdo entonces que, si bien en ortografía soy bastante estricto, me encanta jugar con la lengua. No tengo problema en inventar palabras, modificarlas a mi antojo (ya sabrá alguno mi intención de oficializar el uso del sufijo -érrimo para cualquier adjetivo), o de adoptar las más inusitadas estructuras sintácticas.

Quizá no haya problema en conjugar todas las tendencias. Quizá pueda exigir que se tenga cuidado con la palabra “Ágora” mientras escribo “tristérrimo”. Quizá la lengua es, en efecto, construida por el hablante, y no hay academia que valga.

Disfrutar de un mes en Oxford (o del viaje más impresionante de mi vida)

¡Estoy de vuelta! Lo sé, soy amarillista: tampoco he tenido muchos viajes excesivamente interesantes en estos 16 años que arrastro, pero necesitaba titular este post de ese modo. Sí: como todo blogger viajero que se precie, ahora toca la crónica de mi aventurilla por Oxford.

Qué sitio más bonito, para qué os voy a engañar. Dará igual que la mitad de la población sea desquiciante, que todo sea algo más caro o que la higiene brille por su ausencia cuando se la necesita, porque Oxford, la ciudad de las puntas hacia el cielo, enamora, os lo aseguro. Si buscas encontrarás rinconcitos encantadores donde poder disfrutar de una animada charla sin prisas, y sin necesidad de buscarlos te toparás con -aventuraría- cientos de monumentos a cuál más encantador. Ahí van listas de lo mejorcito, o de notas interesantes. Las listas son más fáciles de leer que la parrafada, ¿verdad?

En Oxford

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Christchurch College, allí en Oxford. Una de las mejores perspectivas.

  • Christchurch College, bonito pero masificado (y con demasiados límites), además de no creerse uno que sea de verdad el Gran Salón de Harry Potter.
  • Bodleian Library, ‘copyright library’ de Reino Unido, con una historia interesante (incendios, kilómetros de estanterías…) pero no enseñan mucho.
  • Pitt Rivers Museum+Natural History Museum, ambos tremendamente peculiares (en especial el primero), gratis y de inolvidable estilo.
  • Colleges diseminados por Oxford: con mucho encanto. Algunos de ellos solo los descubrirías al ver la puerta abierta: podrían estar cerrados y ni sabrías que existirían. Césped (‘lawn’) muy bien cuidado en todos ellos, aunque intocable. Bellos edificios, pero puede volverse algo repetitivo.
  • Carfax Tower-Oxford Castle-St Mary: buenos puntos desde donde hacer panorámicas o ver todo Oxford. Aun así, no es inolvidable.
  • Punting: remo con un palo. Un lío, y agotador. Divertido, pero me da miedo recomendarlo.
  • Starbucks en Cornmarket Street (principal calle comercial): segunda planta con sillones, ventanales y aire acondicionado que lo convierten en un paraíso en días de calor.
  • La Croissanterie: bocadillos y tal y cual, pero me quedo con el chocolate caliente, que está delicioso porque ni es chocolate exactamente ni está caliente exactamente. Y muy cerca hay un puesto donde venden unas alitas de desmayarse del gusto.
  • Moo-moo’s. Esos batidos sí que son para morirse del orgasmo. Tienen más de 200 distintos (literalmente no te da tiempo a leerlos todos). Yo probé Frosties, Kinder Bueno y Nesquik, pero también los había, por ejemplo, de Ferrero Rocher. Un must ineludible.
  • The Works, WHSmith y otra tienda en el centro comercial Westgate, libros baratísimos. Yo compré 13, y en total fueron solo 15 páuns.
  • Y para terminar un regalito. Solo diré un nombre: Mortons. Sorprenderá.
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Solo uno más de los colleges en Oxford: Jesus College

En alrededores

  • Stratford: lo siento, pero Shakespeare me aburre. No obstante, la calle principal tiene también mucho encanto (con callejones interesantes y una tienda dedicada exclusivamente a la Navidad, aun en verano). También Anne Hathaway Cottage, una casa al estilo de sabe-Dios-hace-cuántos-siglos, es un lugar bonito. El jardín es inolvidable.
  • Bath: nada especial, salvo los actores en las Termas Romanas, que son muy simpáticos, y algunas de las historias que allí cuentan.
  • Broughton Castle: probablemente el sitio más bonito que he visitado nunca. Césped muy cuidado pero ¡pisable!, jardín bellísimo y buenos horizontes. Los guías, atentos. Y no demasiada gente. Definitivamente la visita más agradable del mes.
  • Blenheim Palace: lugar de nacimiento de Winston Churchill, es un palacio enorme y no demasiado aburrido, pero masificado y por tanto no tan disfrutable. Lo mejor, el césped: enorme y taaaan cuidado que parece una alfombra. De hecho, hasta pinchaba. Un placer tirarse allí (mi nuevo avatar fue hecho allí :D).
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En el Broughton Castle, desde arriba

Londres

  • Buckingham Palace, coñazo.
  • London Eye, curioso. Es entretenido, y se pueden hacer fotos bonitas.
  • Harrods es seguramente la gran superficie más impresionante del mundo. Enorme, y con todos los lujos. Edificio sobrecogedor, e interesantísimos artículos que, por supuesto están a la venta. Lo más caro que vi, un fósil de £40000. Una tele de 70 pulgadas por £17000 de rebajas, otra tele en 3D de LG con la que no necesitas gafas especiales (eso sí que sorprendía), unos Lladró de morirse, el iPod Touch con la parte trasera en oro de 24 kilates, restaurantes, tiendas, tiendas, tiendas, marcas, precios, nivel, lujo. No quería ir, pero definitivamente mereció la pena. Un destino turístico que se ha ganado a pulso serlo.
  • Abercrombie&Fitch, tienda “curiosa”. No tiene cartel afuera, pero se intuye que es ahí por la gente que se agrupa en la puerta (y por el maromo sin camiseta listo para ser fotografiado que hay en la puerta). Precios prohibitivos pero, mira tú por donde, compra la gente, sí.
  • Picadilly Circus: estresante, pero curioso. Ahí se siente lo que es de verdad una gran ciudad… ¡cuánta gente! Aun así, bonito de visitar y también sitio donde tomar foto de rigor en la que aparezcan los paneles publicitarios y la parada del metro.
  • Hamleys: “los juguetes más exquisitos del mundo”, dicen ellos. Los dependientes, bueno, mejor no os cuento. Con una en concreto me entraron ganas de sacar mi katana de repuesto. Consejo para fans pottéricos: no ir si no quieres perder un riñón. ¿El motivo? Venden réplicas de objetos de la película a precios desorbitados con la excusa de que son de coleccionista. Y cuesta tener fuerza de voluntad para no comprarse nada, os lo aseguro.
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Picadilly :)

Más cosas

  • Si vas en grupo, vigila las promociones. Gracias a ellas pudimos viajar a Londres por £8 por cabeza, o ir al cine por £4 gracias a una promoción con los móviles.
  • Oxford es un sitio seguro. Londres, no. A un estudiante le dieron hace poco una puñalada en un parque en Londres. En Oxford, las puertas se cierran con pestillo como el del baño, no con llave.
  • Los transportes, prohibitivos. Bono siempre, si no quieres desperrarte en dos días.
  • Los artículos básicos (como el agua o la comida, salvo la rápida), muy caros. Los artículos de ocio y la ropa son por lo general más baratos. Aprovechar las ventajas que esto conlleva reporta muchos beneficios.
  • Lugar de encuentro de todas las culturas, se ven cosas muy raras. Hay mucho español, eso sí.

Pues ahí está mi mesecito. Ha dado mucho de sí, lo he disfrutado a tope, he aprendido, comprado, comido. Me he empapado del Reino Unido para un año. Porque para el que viene volveré, quizá a Edimburgo. ¡Pero bueno! Aún queda mucho :).

Así que Oxford: pórtate bien. Te echaré de menos: a tí, a mi familia allí, a mi profesor, a todos los amigos que allí hice. Hasta siempre, majete. Te llevaré in the heart.