Soy malo, soy malvado, soy...

¡Mojo Jojo!

El blog que parece serio, pero que no lo es

Categoría: Actualidad

67 años

Estado de Bienestar. Así es como llaman a ese pack de servicios estatales compuesto de sanidad, educación, prestación por desempleo y pensiones que disfrutamos en España. Seguro que ya lo sabéis, así como lo de que la población española -al igual que la de la mayoría de los países desarrollados- se está envejeciendo cada vez más. Curiosamente estoy tocando ese tema en el instituto (geografía), y curiosamente hace unos días sale a la palestra el esperado pero no por ello menos preocupante debate sobre el aumento de la edad necesaria para jubilarse. El sistema de pensiones, dicen, es inviable, y por ello es necesario que los trabajadores pringuen hasta los 67 años. Como es un tema que me toca, y tras leer un inspirador post de una tal Irene Milleiro que, dicho sea de paso, pasa a formar ya parte de mi lista de blogs de opinión imprescindibles, me lanzo a opinar.

Zapatero y su partido han decepcionado a sus votantes. Giro a la derecha, decía Escolar, y tiene razón. El gobierno socialista lleva ya tiempo decepcionando, perjudicando a la mayoría y beneficiando a la minoría, como se hacía hace tanto. Las SICAV ahí siguen, pero no dudó en subir el IVA, ese impuesto que, eso me enseñaron en el cole, era del 16%.

También diré que esas minorías, esa gente que tiene tanto y da tan poco, no se merecen lo que tienen. Si fuera millonario, no dudaría en cumplir con mis compromisos fiscales, igual que no dudaré en hacerlo (también porque no me queda otra) cuando el Estado me empiece a cobrar impuestos directos. Apuesto por lo público, ya lo sabéis, y es por ello que me hierve la sangre leer que los poderosos se escaquean.

Pero sobre todo, y es algo a lo que llevo ya unos días dándole vueltas, quiero deciros que creo que es el momento de que la democracia muestre su poder. La mayoría de los ciudadanos españoles, estoy convencido, no está de acuerdo con la gestión de este gobierno. Mientras en mi mente quemo contenedores, saldría a la calle a gritar por mis derechos. ¿Dónde están los sindicatos? ¿Dónde están los socialistas? ¿Dónde está ese dinero que Hacienda no perdona a los que menos tenemos? ¿En coches lujosos? ¿En trajes? Somos los que pringamos: pagamos y, encima, a trabajar dos años más.

No hay derecho. Que no digo yo que sea fácil de llevar todo esto: ciertamente el envejecimiento de la población es un problema demográfico de primer orden (si bien podría entrar en el tema de que la vida ha mejorado cuantitativamente, pero no tanto de forma cualitativa). Pero no, no hay derecho a que los políticos planteen esto mientras haya corrupción, mientras haya privilegios para los que mueven el capital y mientras los salarios en muchos cargos públicos sean tan elevados. No mientras no se emplee el 100% de los impuestos eficientemente.

Se avecina tormenta, y no seré yo quien no relampaguee. Me siento como aquellos comunistas que se alzaban contra la burguesía, no os lo voy a negar, pero no busco una revolución, lo sabéis. No obstante, es mi futuro: como bien dice Milleiro, es más mío, de mi generación y de las que vengan que de los que están decidiéndolo. Y ya bastante jodido está de mano, como para que empiecen ya a tocarnos las pelotas.

Por cierto, ya sé a quién no voy a votar en las próximas elecciones.

Gadget del futuro

Por una vez, es casi imposible que no sepáis del producto que presentó ayer Apple. El iPad ha aparecido en todos los medios (¡españoles!) incluso antes de que se mostrara en la keynote, y hay que admitir que el hype que se ha generado no tiene precedentes: ni tan siquiera el iPhone generó tanta expectación.

En cuanto a la opinión de los potenciales compradores, la balanza se inclina hacia las críticas negativas. Apple ha descuidado en algunos bastantes detalles su aspecto, tanto en software y hardware, y aunque han procurado enseñarnos en el vídeo un producto atractivo, con infinidad de transiciones (eye candy, que dirían los anglófonos), lo cierto es que sus carencias son bien numerosas. Y su nombre, inoportuno. Y lo cerrado que es, no más que a lo que nos tienen ya acostumbrados.

Entre el ya cansino abuso de awesomes, incredibles y amazings, creí escuchar un “esto es el futuro”. Como tantos otros, ayer estaba decepcionado pero, aunque no me consideraba futuro comprador, sí que es verdad que hoy, dándole alguna que otra vuelta, he llegado a la conclusión de que tienen razón: la idea de los de Cupertino es una muestra de lo que viene. No es genuina, en cualquier caso, si bien Apple le ha sabido darle un barniz de calidad, descuidos aparte.

Y es que me imagino allá por el 2020, vestido cual anuncio de Neutrex,  con un intuitivo y ligerito pantallón entre mis manos mientras estoy echado en el sofá. Más concretamente: la aplicación de New York Times me ha enamorado, pues eso sí que puede denominarse prensa-en-papel killer. Lo mismo digo de la experiencia de usuario de la aplicación de YouTube o la de los correos. De acuerdo, como lector de libros electrónicos no llegará muy lejos, por aquello de que cansa la vista; pero su potencial, que reside exclusivamente en su ligereza y su pantalla (y en lo que está por venir, como mis comentaristas ya apuntan), es enorme.

No, no me lo compraré porque, aunque no sea tan caro, el dinero sigue, mira tú, sin salirme por las orejas. Pero repito: no descartaría tan a la ligera que sea de verdad algo más o menos revolucionario, al estilo del iPod en su momento. Eso de que el ordenador esté tan vinculado a nuestro escritorio tendrá que desaparecer tarde o temprano.

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Google: muérete

Pocos dudarán a estas alturas de la película que Google es uno de los pilares de Internet. Y no parece que nada les vaya a parar. No queda palo por tocar a los chicos de Mountain View: se han metido hasta en energía, además de, no hace falta que os lo recuerde, el mercado de los teléfonos móviles, de los sistemas operativos, de los navegadores y, obviamente, de los servicios web. Para qué engañaros: tengo mucho miedo.

Intento evitar pensar demasiado en toda la información que hay sobre mí en Internet, porque sé que si lo pensara a fondo me pondría a cerrar mis tropecientas cuentas en tantísimas redes sociales. Pero si hay una compañía que se lleva la palma en cuanto a posesión de mis datos es, si obviamos Tuenti, Google, por supuesto.

Google sabe dónde vivo, Google tiene todos mis correos, Google guarda mis chats. Tengo la certeza de que Google ha indexado información sobre mí que desconozco. Ahora imaginaos que pueda controlar, además, cada web que visito -Google Chrome-, cada documento que manejo -Google Docs, Chrome OS-, cada llamada que realizo -Google Voice, Android-, cada imagen que veo -Google Goggles-, cada lugar en el que estoy a cada momento -Google Latitude-. ¿Exagerado? Solo si confiamos ciegamente en la compañía fundada por esos dos chavales tan majetes.

Llevaba días queriendo escribir este post, e iba a utilizar como argumento su amoldamiento a la censura china, si bien, como sabéis, ha dado un toque de atención tras ciertos y si cabe aún más descarados atentados contra los derechos humanos. No sé, quizá desconfiamos demasiado, pero es que ni eso nos creemos.

De hecho, estaría más tranquilo si estuviera dando esos datos, yo qué sé, a Microsoft en vez de a estos. Me he llegado a plantear dejar de utilizar el buscador, pero ni Bing ni Yahoo me convencen aún. ¿Hay algún webmail acaso que supere a Gmail? Lo mismo con Google Maps.

Google podrá ser la empresa más importante del mundo si sigue por este camino, porque tiene -o más bien, tendrá- algo sumamente delicado: la información privada o, en otras palabras, nuestra intimidad. Si incluso Google Docs es usado por la Administración estadounidense. Más les vale a los yankees tenerlos en su sitio.

2009

Faltaría más: el 2009 llega a su fin.

El día 1 me propuse cambiar en cierto modo, ser más fiel a mí mismo. ¿Lo he cumplido? Claro que no. Este iba a ser mi año. ¿Lo ha sido? Claro que no. Pero da igual, porque pese a todo ha sido un buen año. He vivido el mejor mes de mi vida, en un Oxford que nunca olvidaré; he sido ni más ni menos que quien soy, con mis virtudes y defectos; he disfrutado con mis amigos, he conocido a bastantes nuevos. He empezado a planear cómo será mi vida.

No me quejo, pues. Aun estando en una mala edad, siempre aparecen buenos momentos que hacen que uno siga teniendo ilusiones, y nada hay más importante que eso. Este, y sobre todo el que viene, serán años de grandes emociones.

Ale, cuidadito con las uvas. Feliz final de década.

Ya para acabar, quiero dejaros con algo de música: el recopilatorio de las canciones más importantes para mí este año. Algunas por buenas, todas por especiales. Os invito a escucharlas todas ellas, bien aquí debajo o en la lista de Spotify.