Y así, sin comerlo ni beberlo, es ya 31 de agosto/1 de septiembre. Qué lejano parecía este día, pero sí, ya está aquí.

Pensaba que estos días estarían bañados de muchas lágrimas por las despedidas, pero ha habido bien poquitas. ¿Por qué? Pues que si Tuenti, que si Skype, que si vengo con frecuencia, que si me vienen a ver. Esto ya no es lo que era (equis de).

1 de septiembre, en tren. Pareceré Harry Potter (aunque no marchándose de la casa de los Dursley, diosmelibre). Mis padres lo llevan con bastante dignidad, eso sí: se va su único hijo, pero lo dicho, que ahora nada es tan dramático.

Así pues, dejo atrás mi queridérrima ciudad. Oviedo, Oviedo, Oviedo. La muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica, buena. Limpia, elegante. Guapa (que no bella o bonita, que por algo estamos en Asturias). Fantástica. La echaré mucho de menos, también.

Aun así, nada es la ciudad sin la gente que conocí en ella. 17 años y 10 meses: no son cuatro días. Y aunque seguramente ninguno lo lea, les quiero dar las gracias a todos ellos: familia y amigos (si bien mi familia son buenos amigos, y mis amigos, como de la familia). Por hacerme tan feliz, y porque simple y llanamente les quiero. Buenas noches.