Estoy agotado. Desde el martes hasta ayer he estado concluyendo todos los preparativos para mi futura estancia en Madrid (donde, dicho sea de paso, ya me he matriculado para un doble grado en Periodismo y Economía, por si no lo sabíais). Ha habido tiempo para ver la familia y para pasear por la capital, revisitando solo algunos de la interminable lista de lugares que Madrid ofrece (lo cual es sencillamente maravilloso). Todo un placer, máxime acompañado de buena gente.

Y hoy, vuelvo a marchar. A medianoche, volveré a Madrid, pero esta vez para volar hacia Edimburgo. Allí me recibirá una señora con su gato, cual señora Figg. Practicaré el inglés, me mojaré (no he visto un solo día en el que no avisaran de lluvia), visitaré unos cuantos museos y sitios con encanto (como The Elephant House) e incluso trataré de visitar las Highlands.

Así que aquí estoy, con un catarrazo terrible, pero ya casi preparado para volver a la carretera. He de confesar que si no actualizo mucho no es porque no tenga tiempo, sino porque simple y llanamente no me apetece. Tengo infinidad de cosas en la cabeza, y mientras esté en Edimburgo digo yo que actualizaré Twitter de vez en cuando y controlaré novedades en Tuenti y Féisbus una vez al día, pero no tocaré el blog, salvo por el post de rigor de resumen. Necesito desconectar un poco.

Y ahora me callo, que este blog no es para contar mi vida (¿o sí?).