La selección es un equipo que festeja a la perfección la diversidad de este país, su riqueza, y encarna una idea esencial para nuestra sociedad: sólo la colaboración y la unión nos pueden llevar a lo más alto. Unir es ganar.
Aunque no sean buenos momentos para defender al Presidente de Gobierno, lo cierto es que ha sabido expresar en esa frase lo que pienso.
Estaréis hartos de leer cosas del Mundial, pero como a mí me gusta de vez en cuando un poco de mainstream, hablaré de ello. Ya consolados porque no nos van a quitar tantos cuartos como pensábamos, y ya hundidas tantas empresas por la victoria, ahora toca disfrutar. Viéndoles esa estrella a los jugadores de la selección: un poco de orgullo patrio. Y sabéis que no soy yo mucho de estas cosas, pero podemos presumir.
No sé qué habrán pensado otros, pero yo me he sentido uno más de ese país real que ha estado pegado a las pantallas. En pleno debate sobre la nación catalana, aunque esos nunca acaban, solo puedo decir que yo me siento muy bien como español. Mis identidades no son excluyentes, me alegro profundamente de tenerlas todas ellas. No me malinterpretéis: respeto al que no piensa igual. Pero es sencillamente triste que pensemos en desunir más que en unir en tiempos difíciles. Aunque nadie tenga la culpa.
Al final el Mundial no ha sido la tapadera para la verdadera actualidad, y sí ha servido para que muchos, como yo mismo, nos hayamos parado a pensar sobre algunas cosillas, ha valido la pena. Y si ese equipo -plural, decente, modesto- nos representa, pues no seré yo quien le de la espalda.
Y ya para terminar, lo confieso: ya no sé que pensar sobre mi sempiterno rechazo al fútbol. Ahora ya lo veo con otros ojos. Felicidades a todos, porque hay motivos.

