- Subir la edad de jubilación y el IVA cuando nos sale la corrupción por las orejas.
- Criticar que un parlamento considere la opinión de los ciudadanos a los que representa y, acto seguido (y en una democracia), decidir sin tenerlos en cuenta.
- Explotar a artistas, cobrar canon y derechos hasta las últimas consecuencias, maldirigir esos fondos, anclarse en el pasado, reconocer que todo sigue tan boyante o más que siempre y todavía lamentarse de su situación.
Hay cosas que jamás entenderé. Huelga decirlo.

