Ayer salí. A la una y media de la mañana, estando yo con dos amigos, vinieron un par de cubanos -o eso supusimos- a darnos el palo. Hasta amenazó sutilmente con una navaja. Es la primera vez que me pasa algo así, y para mí, que soy poca cosa, fue un poco bestia.

Entonces claro, pienso yo: ¿ahora cómo voy a evitar hacer prejuicios cuando vea a alguien con la piel oscura mirándome raro? Si bien siempre he dicho que hay que autoeducarse para alejarse del racismo, me ha hecho reflexionar. Porque los impulsos no son tan fáciles de reprimir. Y esta gente no lo pone nada fácil. Ni a los racistas en potencia ni a sus compatriotas que, Dios me libre, nada tienen que ver y son los mayores perjudicados por las acciones de estos gilipollas.