Estado de ánimo
Siempre me he considerado un chico optimista, y con buen ánimo. No me cuesta darme cuenta de los sempiternos pequeños detalles que adornan nuestra vida, y eso es muy importante.
La semana pasada tuve un bajón. Quizá por aquello de ser adolescente y tener las hormonas fuera de su sitio, o que me vi un poco agobiado por un curso a un ritmo distinto y que se antoja verdaderamente estresante. Tal vez tendría que ver que tenía algo parecido a una gripe.
En fin, no lo sé. Pero me ha descolocado. No estoy acostumbrado a tener bajones, no. ¿Qué ha ocurrido? Pues tan pronto como vino, se fue. No cambió lo que lo provocó, quizá solo que duermo media hora más (parecerá una tontería, pero vaya que si se nota). Lo desconozco.
Me encanta que me sea tan fácil estar de buen humor, aunque no tenga motivos. Quizá por eso no me cuesta tanto decir que, pese a todo, puedo considerarme bastante feliz.


