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Pululando por el Facebook me encontré con un link a una interesante entrevista de El Mundo al diseñador de moda Adolfo Domínguez. Pensé que merecería la pena, y no defraudó. Le consideran un empresario culto y responsable, y ciertamente, tras leer sus palabras, no parece lo contrario. Sin embargo no me dedicaré a analizar sus palabras de crítica a la política del Gobierno -lo cual no quita que sean de gran valor-, sino que me limitaré a hablar de un punto de vista que me ha llamado la atención. Sobre cómo cambiar del mundo a través de la sobriedad.

Llevo ya incluso años dándole vueltas a esto de llevar una vida sobria, con lo mínimo. No se trata de vivir mal, sino con lo estrictamente necesario. Domínguez comenta que la diversión más barata y más sostenible es leer. Básicamente lo único que yo necesitaría es un ordenador con internet y un ebook. Porque francamente, ¿qué más haría falta?

Yo ya lo tengo decidido: el día en el que independice no tendré televisión en el salón, o a lo sumo sólo para películas. ¿Quién necesita DVDs? ¿O para qué usar folios en blanco para apuntes cuando los que están usados ya por una cara son incluso más prácticos? Hay infinidad de modos de ahorrar, verbo que en cierto modo es sinónimo de llevar una vida sobria.

Dice también este hombre que la gente culta y que ha recibido una buena educación es menos materialista y más sostenible, pues a los ignorantes les cuesta mucho divertirse. Es un casi simpático punto de vista, pero razón no le falta. Quizá me haga a mí falta ya un poco de eso, de educación en la sobriedad. Incluso tuve hace poco una interesante conversación sobre comer bien, lo necesario y, por ende, no en exceso, y sigue siendo más de lo mismo.

Y si ayuda a mejorar la economía, a aumentar la sostenibilidad y dar una inyección de seguridad a nuestras vidas, bienvenida sea. Que viva la sobriedad, pues.