n229MaX0Y8 Oxford. Es una situación rara, no os voy a engañar. Todos sabéis (o deberíais saber) que soy hijo único, y pasar de vivir con dos personas a hacerlo con una decena es sutilmente diferente, como el que dice.

Estoy a gusto con la familia (aunque no me dejen comer cerdo), el compañero de habitación es majo y tal (aunque un poquito raro: es vegetariano, y ya os contaré la anécdota del pepino). Los chavales no eran tan *así* como parecía (si sabes ganártelos, también es verdad), y el grupo de españoles es muy bueno (con excepciones, como todo). Digamos que ya me siento en situación de afirmar que vivo aquí, sí señor.

Ya doy gracias al conductor del autobús cuando salgo (aunque los haya muy cabronazos), y veo muy pero muy lejano, por ejemplo, el instituto. Pero no os voy a engañar: también tengo ganas de volver a Oviedo (aunque Oxford en muchos aspectos se parezca), para estar con mis cosas, en mi casa, con la familia y los amigos.

Pero, aun así, sé que, en los 9 días que me quedan, mi familia será pakistaní, y mis amigos, los que aquí he hecho. Así pues, a seguir con la odisea oxoniense.

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