160305794_99090d7888

Yo creo que es el gran olvidado. No ha mucho tiempo que leía que el ser humano le da demasiada importancia al oído y sobre todo a la vista, y cuánta razón. La verdad es que, no obstante, el sentido del olfato se hace notar cuando menos lo esperamos. Es autónomo. Y así de repente, te llega un suave olor que te trae muchos recuerdos. O que te sorprende. O que simplemente te hace pensar que eso ya lo has olido antes

Olor a bebé, olor a anciano. Olor a hospital. O a aire libre. A mueble nuevo, a lápiz y goma, a pegamento, a café, a hierba, a recién lavado. En muchas ocasiones es difícil discernir en si estás viviendo un déjà-vu o de veras la casualidad ha querido que por un momento te detengas para disfrutar de ese golpecito en tu nariz.

¿Me vais a decir en serio que no identificaríais a alguna gente por su olor? Ese creo que es un fenómeno curioso. Creo que sabría, sin necesidad de nuestros sobreexplotados sentidos visual y auditivo, decir quién es quién. Amigos, familia o incluso otros. Hay situaciones en las que llega a jugarte malas pasadas, porque el olfato se alza como irracional trasmisor de sentimientos, y en ocasiones cruza la fina linea entre el suave nostalgia y la melancolía. Un aroma y, ¡alehop!, ya tienes la cabeza en otro sitio.