Maldita vagancia

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Habéis visto que he posteado poquísimo. Bien. He estado de vacaciones, no he hecho absolutamente nada. Otros no lo dicen, pero yo lo voy a hacer. No tengo excusa. Ha sido por vago.

No es un tema cualquiera. Os diré que puedo dejar de comer yogur natural por no echarle azúcar, es terrible, y no os riáis: lo estoy dejando. Llevo una buena temporada en una dura batalla entre mi forma de ser y mi sentido común, porque empiezo a vislumbrar el daño que eso me puede hacer en un futuro. ¿Mi técnica? Obligarse a uno mismo (así de sencillo) a hacer las cosas de sencilla vagancia (como la previamente mencionada) bajo cargo de conciencia en caso opuesto, tratar de disfrutar de otras obligaciones mediante incentivos (música, por ejemplo, mientras limpio la habitación) y evitar distracciones para causas mayores.

Yo creo que la vagancia es el problema de la generación a la que pertenezco. A lo mejor es que yo solo me fijo en la mía, pero parece que nunca tenemos ganas de hacer nada. Y me pregunto cómo será la cosa cuando crezcamos. Tamos refarfiaos, que dirían aquí en Asturias, cansados de no hacer nada. No sé yo, pero parece que tendremos que ponernos las pilas de verdad.

Vuelvo a escribir al ritmo anterior, hombre-qué-va-a-ser-esto. Salvo que vuelva a ser machacado por la oscura y tentadora sombra del no hacer nada.