Sin duda, este post es uno de los más personales que he escrito. En su momento me he podido etiquetar como maniático, pero en realidad no soy tal cosa.
Realmente hay algo que tengo en mayor medida que las manías, y son las cosas que me dan grima. Quienes me conocen lo sabrán muy bien, pues no pasa el día en el que no me queje por algo de ese tipo. Cuánto odio y cuán bien conozco la sensación esa de grimilla, el escalofrío que conlleva y el no poder ver al objeto de tal reacción grimosa.
¿Y qué cosas? Pues bueno, algo tan sencillo como cualquier cosa relacionada con las venas (que te escriban en la muñeca, puede ser); cosas raras hechas con el cuerpo (por ejemplo, aquello que se hace con los párpados de ponerlos hacia atrás); hablando de comida, el tuétano de los huesos y que cruja (cuando no debe crujir, claro) y un buen número más de cosas que me callo, cual Lazarillo de Tormes, más bien porque no soy capaz de recordarlas todas.
En fin, que no se os ocurra cortaros las venas delante mío, porque entonces querréis sucidaros por algo.
(Os puedo asegurar que me ha costado buscar una foto para ilustrar esto. Todavía me entran escalofríos)
