Castellano bableizado (nun ye poca cosa)

escrito por un tal Juan Ángel

suspiresalondra

Esta noche es Nochebuena, y mañana Navidad. Y, pese a todo, voy a tocar un tema que, como digo en el título, nun ye poca cosa.

Los pocos que me lean con asiduidad se habrán dado cuenta de que en mi peculiar lenguaje escrito conjugo todas las normas ortográficas con ciertas palabras de origen incierto.

Yo no hablo español, no. Yo hablo castellano bableizado. Una peculiar especie lingüística oriunda de la región norteña de Asturias que controlan a la perfección todos aquellos (o casi todos aquellos) que no usan el bable pero que tiene suficiente influencia suya.

Algunos de sus rasgos característicos son el uso de pronombres tras el verbo (en vez de “¿me los trajiste?” decimos “¿trajístemelos?”, con un acento especial en aquellos los habitantes de las cuencas). Pero sin duda lo más usado del castellano bableizado se ve resumido en el “¿qué ye, ho?”. “Ho”, según exhaustivos estudios, proviene de “hombre”, o mejor dicho, “home” (también presente en la expresión interjectiva “¡home, no!”). ¿Para las mujeres? Muyer. ¿Y que algo te gusta? Pues te prestó, ye prestoso.

¿Quién habla ya bable en las grandes urbes asturianas (Gijón y la muy noble, muy leal, benemérita y no menos elegante ciudad de Oviedo)? Nadie, ho. Aquí se habla el castellano bableizado, y muy orgullosos que tamos de ello. He dicho.

Pero bueno, ya que estamos, me pondré serio y expondré mi opinión sobre el idioma asturiano (¿eing?). No quiero que el bable se muera, pero no creo que sea necesario implantarlo en las escuelas obligatorio como se hace en País Vasco, Cataluña o Galicia. Llamadme poco nacionalista, pero creo mucho más oportuno ser bilingue de castellano e inglés o cualquier otra lengua extranjera que de un idioma que hablan cuatro pininos. Si alguien quisiera estudiarlo, quisiera componer-escribir en bable, que lo aprenda, pero yo creo mucho más natural nuestro castellano bableizado que un bable impuesto.

Comprendo, repito, que haya gente que sienta incluso cariño por este idioma, pero no comparto ese amor incondicional. Asturiano es mucho más que decir “qué ye, ho”, y me siento asturiano como el que más, pero como yo nunca he vivido con el bable no siento que sea mío. Solamente eso.