
Vale, se violarán derechos. Que sí, que el apoyo a esos deportistas desconocidos es odioso. De acuerdo, los Juegos Olímpicos son un negocio.
Pero ayer, viendo la ceremonia, quedé convencido de que mis ojos presenciaban, aun a miles de kilómetros, el mayor espectáculo de la Historia de la Humanidad. ¡Exagerado!, me diréis. Pues no, yo lo creo así. Un derroche de medios inequiparable a nada visto antes, y una cantidad de “voluntarios” increíble, con una casi perfecta sincronización, fueron capaces de dejarme absolutamente atónito. De hecho, la originalidad que mostraron en algunos elementos del espectáculo fue capaz de erizarme el vello como pocas veces me había pasado con algo tan lejano.
Desde luego, fueron 4 horas entretenidas, más paradas, claro, con la salida de los 205 países participantes. Si no la visteis, hacedlo, al menos durante las dos primeras horas -y la encendida del pebetero-, porque os encantará. Es imposible que sea de otro modo.
