Volvía anteayer de clase cuando, súbitamente, mi nariz percibió un olor a algo extraordinario y agradable. La tranquilidad de no tener nada que hacer. Como si estuviese a 10 metros de la playa, con la brisa marina acariciando mi cara… Olía a puras vacaciones.

Será que lo necesito, sabe Dios el qué, pero juro por él que me vino a la cabeza ese momento que tengo ganas de que llegue como nunca antes me había pasado. ¿Será por relajarme? ¿Será por viajes? ¿Será por Deathly Hallows? Lo que sí que es verdad es que no soy el único que lo olió. Oí por ahí que a Ire también le había pasado.

Menos mal que en dos mesucos estaré yo en una tumbona allá por Almería tomando el Sol tranquilamente…